Mostrando entradas con la etiqueta discoteque. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta discoteque. Mostrar todas las entradas

domingo, 17 de febrero de 2008

la revolución sexual: otra eurovisión es posible


Queda una semana para que termine el plazo para votar por los cinco temas que el público puede elegir con vistas a Eurovisión 2008, y sigue al frente "La revolución sexual", de La Casa Azul, así que aprovecho para rescatar una entrevista con Guille Milkyway mientras cruzo los dedos para que de la gala que se celebrará a principios de marzo salga elegida esta canción que de verdad tiene sonido eurovisivo, disco y pegadizo, tanto como el de los mejores años de este certamen últimamente tan devaluado. En fin: vota por La Casa Azul!!!


El nuevo disco de La Casa Azul, "La revolución sexual", ha empezado con buen pie, metiendo la cabeza en el top 30 de las listas de ventas, aunque los ficticios integrantes de la banda permanezcan en otra dimensión y Guille Milkyway (creador, ideólogo, compositor, productor, arreglista e intérprete) vea las cosas con calma y cierto distanciamiento desde su papel de demiurgo pop, poniendo cerco a un sonido cada vez más propio dentro del artificio que se le supone. "Con el primer disco sí seguía siendo una amalgama de estilos según la canción, pero ahora creo que poco a poco se va redondeando, dando forma a algo más personal, que tiene que ver con la utilización de muchos elementos distintos y que al final hacen que el resultado sea diferente, y además manteniendo elementos que son muy propios de La Casa Azul, como la contraposición de las cosas y la euforia que se sucede; a nivel sonoro cada vez me siento más cómodo y seguro". Esta sensación sirve como punto de partida en un álbum que está donde se podía esperar, aunque con más variedad e incluso complejidad que en "Tan simple como el amor". "A nivel de producción y sonido quizá sí, pero en composición no tanto. A lo mejor sí es más extremo en el sentido de que he querido buscar una sonoridad más artificial, más plástica. Hay más detalles, más cambios, más efectos, más trabajo de producción y sobre todo de edición, que para mí es muy importante. Pero a nivel temático es un poco lo de siempre, aunque cuando compuse y grabé los temas estaba en una época de introspección y me ha costado más trabajar para que el resultado fuera lo que desde el principio he buscado en La Casa azul, que es una contraposición entre los momentos emocionalmente más bajos y la euforia de la música que está sonando. En la historia del pop me gusta ese punto de choque entre la desgracia y la felicidad absoluta, de modo que en el fondo todo parezca un poco irreal. Es como lo que hacían los típicos grupos de chicas de los 60, que hablaban de que les dejaba el novio y poco menos que se iban a suicidar, y eso en una canción aparentemente feliz". Ese mundo de mentira, en el que conviven Brian Wilson, Jeff Lyne, el europop, California, Japón y los dibujos animados de Hannah Barbera, entre otras muchas referencias, es el que sigue presente aquí, aunque también con un costumbrismo en el que difícilmente podrían habitar los cinco personajes que ponen cara a este proyecto, hablando de la cerveza sin alcohol ("no está mal, pero requiere empeño" se puede escuchar en "Esta noche sólo cantan para mí") o de las proezas del portugués Deco frente al Chelsea de Mourinho ("El momento más feliz"). No es la primera vez que el Barça aparece en sus canciones (lo hacía también en "Como un fan"), pero ahora todo parece más cercano y el jogo bonito triunfa sin complicaciones ni atascos. "Antes hablaba más del amor y el desamor y aquí el abanico es más amplio, pero sigue habiendo elementos muy repetitivos, como la ansiedad, además de cosas más personales, como la hipocondría". También da forma a la canción protesta en versión La Casa Azul ("No más Myolastan" o "La gran mentira") y continúa ampliando su santoral pop: empieza con Yma Sumac (una exótica cantante peruana) y reserva casi para el final una impecable colección de mujeres (Blossom Dearie, Nina Simone, Kirsty McColl, Dusty Springfield, Karen Carpenter y Astrud Gilberto), ideal como banda sonora en complejas maniobras de escapismo. "La Casa Azul siempre ha sido un grupo con un importante enfoque femenino, y cuando he buscado un momento de refugio me he sentido identificado con cantantes como éstas, aunque es algo bastante sutil; también podría haber hablado de grupos de soft pop".
Uno de los riesgos que corre Guille Milkyway es que las ramas al final no dejen ver el bosque. O, de otra manera, que uno confunda la parte con el todo. "Es el típico riesgo que existe, pero es un precio que desde el principio he estado dispuesto a pagar, y no me preocupa porque tengo muy claro que lo más importante siempre va a ser la canción, porque es lo realmente poderoso dentro de la música pop. El resto es accesorio y puede servir como elemento potenciador, o simplemente para llevar las cosas a un plano estético que me hace sentir bien y con el que me identifico, pero la canción es el centro de todo, por mucho barroquismo que pueda haber en un momento dado". Y de un riesgo a un empeño inagotable: ¿la canción perfecta? "Es algo que nos persigue de forma casi maligna a quienes hemos estado obsesionados por el tema del redondeo y los estribillos, aunque cada vez menos, porque al final piensas que está todo hecho y que estás en una búsqueda inacabable. Es algo que está ahí, como la ansiedad o los miedos, pero si uno consigue controlarlo no pasa nada". En este sentido asegura también que se toma las cosas con tranquilidad, consciente de que maneja un proyecto a largo plazo: "Una cosa que me relaja es que no tengo prisa y que hay mucho tiempo para ir haciendo cosas que se acerquen a lo que tengo en mente. Situarse en ese plano un tanto irreal te permite planificarlo mejor, porque sabes que es flexible y lo puedes moldear a tu manera. A nivel estético y visual lo tengo claro: va hacia un universo más histriónico, aunque no sé si es una buena palabra; más artificial". Un recorrido que empezó hace una década, con "Cerca de Shibuya" como primer gran hit, y que desde entonces no se ha prodigado en exceso (apenas un EP y dos discos), aunque con una capacidad para permanecer en la memoria que hace que en realidad parezca que no haya pasado tanto tiempo desde que aparecieran las primeras sensaciones pop, comandando un movimiento que acaparó tantas críticas como alabanzas, y hoy con la mayor parte de los grupos en el limbo. "El hecho de que hayan pasado los años y siga adelante creo que me ha dado más credibilidad, porque en aquel momento sí resultaba cansado tener que justificarte todo el tiempo; yo quizá lo hice demasiado, y la verdad es que no merecía la pena. El problema es la mala utilización de los clichés, aunque la sensación es que poco a poco van desapareciendo los prejuicios, como pasa en cualquier forma de expresión artística". Por el camino también se ha convertido en compositor de encargo, desde la sintonía de cabecera del Club Disney hasta el "Amo a Laura" manoseado hasta la extenuación hace un par de años, pasando por las canciones de la serie de televisión "Gominolas". Y para el futuro cercano, más proyectos: el debut en largo de Milkyway (con un aire más retro) y también la intención de salir de ese premeditado segundo plano en el que hasta ahora ha permanecido al frente de La Casa Azul. "Siempre me ha costado el contacto directo con la gente, todo el tema de las fotografías y demás, también porque me desagrada la utilización de la imagen de un grupo como algo en sí mismo, pero ha llegado un momento en que estaba creándome una pose por permanecer detrás de forma exagerada, y por eso quiero empezar a aparecer de forma relajada, natural e incluso divertida". Así que ya lo saben: La Casa Azul es Guille Milkyway, sí, pero sobre todo sus canciones.

lunes, 4 de febrero de 2008

devendra banhart.- el folk del siglo XXI


El songwriter más alucinado y prolífico de su generación está de vuelta, aunque esta vez habla de mosquitos y no de cuervos, dispuesto a chupar la sangre de todos los géneros y a darse un auténtico festín en el que no faltan invitados de todo tipo. Psicodelia, samba y rock son sólo algunos de los elementos de "Smokey rolls down thunder canyon", el nuevo trabajo de un artista definitivamente global.

Hay un libro de Tom Wolfe, "Ponche de ácido lisérgico", que retrata a los protagonistas de la generación beat, reunidos en torno a Ken Kesey ("Alguien voló sobre el nido del cuco") con el sobrenombre de "los bromistas". Recorren Estados Unidos de punta a punta en un maltrecho autobús. Un viaje al corazón de la vida, entendida como la multiplicación de la percepción. Kerouac, Ginsberg, Cassady, Jerry García… Un grupo en el que Devendra Banhart no hubiese desentonado; incluso podría haberse convertido en su músico de cabecera. "No sé, no sé. No lo veo. Es un mundo diferente, pero sí, claro, estoy en la carretera. Estamos on the road, por qué no". Esto es al final, después de media hora de una atolondrada conversación que empezó en francés. "Bonjour, enchanté, comment allez vous?". "Très bien, merci". Y después de un pequeño silencio hago un primer intento por reconducir las cosas. "Ah, ¿es de una revista española? Perfecto. Pensaba que hablaba con Francia. ¿Qué tal va todo? ¿Cómo está España? ¿Cómo está Madrid?". Bien, vamos a poner que España va bien y que esta llamada no tiene otro motivo que hablar de "Smokey rolls down thunder canyon", el quinto álbum de Devendra Banhart; un hippie, el cabecilla del nuevo folk norteamericano, un impostor, un juerguista, el capitán del freak show, un trovador del tercer milenio… "Ahorita estoy en Texas, en Dallas, la tierra de mi padre; estamos con una guitarrita que no sirve, una Lauren, ¿no?". Ruido de fondo. Habla con sus compañeros. Alterna inglés y castellano de la misma manera que pasa de la cumbia al fox-trot, de la samba al rock y del blues al reggae.

Esta vez ha sido el cañón de Topanga (California) el marco geográfico para la música de Devendra Banhart; un lugar por el que antes pasaron Neil Young, Joni Mitchell o Taj Mahal y que ahora, a un paso de casa (también estudio para la ocasión), se ha convertido en magnífico telón de fondo. "Buscamos un sitio así, hasta que lo encontramos. Empezamos con la idea de grabar en Bahía, con músicos brasileños, pero luego pensé que en realidad lo mejor era hacerlo en mi versión de Bahía, y mi Bahía es California. El próximo año creo que quiero grabar en México o Venezuela, pero una cosa más básica, como el primer álbum". Mientras tanto, aquí despliega toda su imaginería psych-folk, con el apoyo de sus habituales (Noah Georgeson, Andy Cabic, Pete Newsom, Greg Rogove, Luckey Remington, Otto Hauser y un largo etcétera) y también de invitados dispares como Monalisa Young y Maxine y Julia Waters (coros gospel en "Saved"), Chris Robinson (The Black Crowes), Rodrigo Amarante (del grupo brasileño Los Hermanos; llegó para un rato y se quedó todo el disco) o el actor mexicano Gael García Bernal, que pone su voz a "Cristóbal". "Cada disco es un documento del mundo que estamos viviendo, de nuestras experiencias en ese momento. Por eso "Smokey rolls…" es diferente a todo. No hay una fórmula. Pero es que además teníamos la oportunidad de trabajar más cómodos porque estábamos en casa y el reloj era nuestro reloj y las horas nuestras horas. Fue muy bueno, pero a la vez muy extenuante". Un proceso del que salieron 45 canciones que se han quedado en 16 ("esta vez quería un álbum corto", dice) que dan para mucho: épica a su manera en "Seahorse", tropicalismo en "Samba vexillographica", soul en "Saved"… Devendra Banhart continúa jugando con los géneros como si de un inmenso chicle se tratara; nada que no hubiera hecho antes, pero siempre distinto. Es libre, proclama. "Soy, no sé, como un mosquito chupando la sangre del culo de todos mis sellos. Soy un mosquito y me dejan hacer lo que quiero; siempre grabo en lugares donde pueda tener esa libertad, nunca en estudios que tienen miles de fotos de otros grupos y cosas así, esto tiene que ver más bien con la arquitectura, con la geografía y el espíritu".
Construye canciones, habla de la muerte y de la reencarnación, aparecen animales, crea fábulas, hay algo ingenuamente infantil y sin embargo asegura que no sueña, que sus letras pertenecen a este mundo. "Nunca sueño. Bueno, o no recuerdo los sueños. Sólo uno cada tres meses; no tengo esa suerte". Y dice también que nunca ha pensado que su música sea folk, y luego que todo lo es. Que todavía tiene pendiente su álbum tropicalista: "Ahora quiero hacer un disco así en Bahía; la idea es ir allí y trabajar con Rodrigo Amarante, Arto Lindsay, la Orquesta Imperial, Caetano Veloso… Reunirnos en un espacio con unos micrófonos y unas copitas, y grabar y grabar. A ver qué pasa". Sería el resultado lógico de un creciente y heterodoxo acercamiento a la tradición latina: "Me siento más conectado a esta tierra donde estoy ahora mismo, que también está vinculada a América del Sur. Pero la verdad es que cuando estoy en Canadá todavía me siento cerca de Uruguay. Últimamente he estado escuchando sobre todo a Eduardo Mateo, Violeta Parra, Víctor Jara, Atahualpa Yupanqui, Caetano, Simón Díaz, Silvio Rodríguez… songwriters revolucionarios de América del Sur". Es el músico global que hace de sus discos un collage cultural que va más allá del mestizaje. "Para mí una cosa muy interesante es que en "Cripple crow" (el trabajo que precede a "Smokey rolls…") las canciones más directas y románticas son las que estaban en español, y las que escribí en inglés eran las más psicodélicas. Y aquí pasa al revés. "Cripple crow" creo que era un álbum que tenía más que ver con Norteamérica y éste más con Sudamérica". "Somos elefante y serpiente semejante tomando aguardiente de una flor", canta en la colorista "Carmensita"; un ponche de ácido lisérgico que pasa de mano en mano, cambiante y único. "Las letras dirigen el estilo, claro que sí, y a veces te dicen que tiene que haber un elemento de sorpresa y de colaboración con el espíritu creativo que existe fuera de nosotros. Entonces la canción viene y surge algo, hay un enigma que tenemos la oportunidad de resolver. Por ejemplo, en "Samba vexillographica" faltaba algo, porque remite al carnaval y eso tiene que ver más que nada con música en vivo, y en ese momento vino Chris Robinson (vive a unos metros de Devendra Banhart) y empezó a tocar el charango; era perfecto. Dijimos: "Coño, eso es, es lo que estábamos buscando". Ése es nuestro elemento sorpresa".

Han pasado cinco años desde que se publicó su primer álbum, y sólo tres desde que con "Niño rojo" y "Rejoicing the hands" se colocó en vanguardia de un movimiento sin forma definida en el que la etiqueta de nuevo folk pronto se reveló inútil. "Todavía me siento en el underground. Estoy viajando. Me tengo que mudar de esta casa en California. Aún no sé dónde voy a ir, nada ha cambiado". Un nómada que antes de decantarse por el título de "Smokey rolls down thunder mountain" pensó en otros como "Koala man returns to pineapple temple" o "Bachanalian beat box". "Era un chiste, una broma… El nombre del álbum siempre viene de afuera; esta vez pasó una tarde: las palabras llegaron una a una y se manifestaron físicamente delante de mí". ¿Impulsivo? ¿Espontáneo? ¿Visionario? "Las canciones vienen como vienen, no se pueden empujar. Es todo lo que puedo decir". Pero no se resiste y añade: "Se trata de compartir; no estoy haciendo música para mí, sino para la parte de mí que es la misma de todo el mundo. Yo soy una persona, claro, aunque hay un mundo fuera y otro dentro. Sólo soy una parte pequeñita, un mosquito. Y los mosquitos tienen alas, pueden volar".

viernes, 25 de enero de 2008

la sociedad secreta (en la palma, hace unas horas)


La música del café La Palma se cuela en el espacio reservado a los conciertos y de las 90 personas que habría, pongamos que la mitad no dejó de hablar hasta los dos últimos temas. Y eso que Pepo Márquez (haciendo un hueco en la gira con Grande Marlaska) había advertido de que habría dos partes: una silenciosa y otra ruidosa. Ni con esas acalló al personal. Así que acabó con ese tramo íntimo a las primeras de cambio, apenas 15 minutos después de empezar, y Andrés Perruca (batería) y Javier Vicente (guitarra) precipitaron su salida al escenario para reforzar la fragilidad que domina "De costa a costa", canción no demasiado habitual en sus directos. Y aún así, luchando contra los elementos, el concierto de The Secret Society fue ganando enteros tras superar un inicio lastrado por el ruido de fondo. En todo caso, ese formato básico todavía está lejos de convencer (y más si a la cabeza vienen, por ejemplo, Will Johnson o Mark Eitzel) como lo hace cuando se acompaña de electricidad y de la rotunda batería de Perruca (en el que era su último concierto con la banda), de manera similar a lo que pasaba con Arab Strab en su momento, sin que la fuerza suponga una pérdida en la sencillez y sinceridad que han hecho buenas sus composiciones. Así ocurre con las de su primer álbum ("Fight fire with fire", "Night makethings look bigger", "Man vs. Machine" -un terceto infalible- o "Sad boys dance!!", que se quedó casi para el cierre) y también las que avanzan su segunda entrega, nuevamente retrasada, con la delicada y silenciosa "The beautiful struggle of all small things" a la cabeza. No fue su mejor concierto, pero sí dejó unos cuantos momentos reseñables.

miércoles, 5 de diciembre de 2007

la lista de la compra


Cuando 2007 ya toca a su fin llega el recurrente momento de hacer listas y resúmenes de todo tipo, de utilidad tirando a nula; pero ya forma parte de la tradición, como las cestas de Navidad, la lotería (mi número termina en 8), Papá Noel, los Reyes Magos, las cenas, las comidas, las copas, los controles de alcoholemia, las campañas de la DGT, el cochinillo, el cordero, la lombarda, los langostinos, el turrón, los christmas (cada vez con más pereza, eso sí), los mensajes de móvil, los móviles saturados de mensajes, las llamadas a deshoras, las uvas, Ramón García, los de los matrimonios de Tele 5, José Luis Moreno, Ricky Martin y así podríamos seguir y no acabar. Stop. Punto y aparte.
Listas, decía. Yo, claro, he hecho las mías, pero no se trata de aburrir, así que abrevio y dejo para mejor momento el top 10. Desierto en el capítulo películas; dos libros: "La carretera", de Cormac McCarthy, y "Nocilla dream", de Agustín Fernández Mallo; dos discos de fuera, y además muy por encima del resto y convertidos desde ya en clásicos del siglo XXI: "Neon bible", de Arcade Fire; y "I’ll sleep when you’re dead", de El-P, en el que todavía sobrevuela el 11-S, Guantánamo, la violencia, Nueva York en estado de pánico permanente y una energía a veces casi sobrenatural (curioso: España no ha dado ni un disco mínimamente reseñable que se adentre en el 11-M; creo que tampoco ningún libro; sólo recuerdo una columna de Francisco Umbral). Lo firma un rapero blanco que le da mil vueltas a Eminem, descarga rimas con la misma facilidad que en la quinta con la octava a un tío le meten un tiro en la cabeza y le dejan en el sitio (o ya puestos, con la misma facilidad que dos tíos matan a un guardia civil y dejan a otro en coma cerebral disparándoles a bocajarro en la mañana de un sábado para certificar que no hay tregua y que de nuevo toca volver a empezar).
Sigo. Dos discos de aquí: "La leyenda del espacio", de Los Planetas, y "Animalitos", de Hidrogenesse, tan tierno como amenazante en la ingenuidad y la maldad de ponies, chimpancés, caballos y suricatos, entre otros. Vivimos en la jungla de asfalto, es verdad. Más: un concierto, el de Elvis Costello y Allen Toussaint en Villalba; y dos menciones especiales: a la nostalgia para Nacha Pop y a la modernidad inagotable para Pet Shop Boys (los dos en Hoyos del Espino, Ávila; qué frío que pasé, pero qué bien que lo pasé, y qué bocata de calamares y qué sueño en la vuelta a casa; y qué bonita la noche en Gredos).
Más listas: nada de cómic (aunque ahora estoy con cosas de hace años y no está mal); un paisaje: Lastours. Un día: el 8 de octubre. Personas: varias (he perdido a algunas, he ganado otras). Un mes: agosto. Una entrevista: La Mala. Una canción dedicada: esa de Sr. Chinarro de los langostinos. Una ciudad: El Escorial (he sido muy generoso; vamos a dejarlo en pueblo). Una copa: la última en Cuenca en las fiestas de San Mateo. Una conversación: media hora con M esta noche. Y un deseo, claro: que "The overly dramatic truth" sonase hasta el amanecer (qué ganas de comerme el mundo, de matar a alguien, de besar al primero -mejor primera- que se cruce conmigo), que "Perfect day" no sólo sea una canción de Lou Reed y que los días perfectos para gente perfecta sean más cada vez (y viceversa). Y que el cielo violeta que caía sobre Valmayor el domingo a las seis de la tarde se quedase ahí durante un par de semanas y que 2008 me convierta en protagonista mejorado de "Family guy". Juro además que si Tricky se pone a hablar me convierto a la cienciología (sólo para restregarle a Tom Cruise que soy más alto que él), el sintoísmo o la religión de Nuestro Señor Maradona. Y de paso nos recasamos en Las Vegas, aunque sólo sea para desgañitarme cantando lo de "you were always on my mind", aunque mejor si le ponemos el toque disco y la carta de ajuste de PSB.
Hay listas más importantes, por lo menos desde el punto de vista de la supervivencia pura y dura: los extractos en la cuenta corriente (vamos jodidos, pero vamos) y la lista de la compra. Naranjas de zumo, azúcar, donuts, café, hielo, cebolla frita de la que venden en Ikea, toallitas para el desteñido, peras, arroz con leche, carne picada, churrasco, el salmón (como Calamaro), yogures (griegos, de fresa y de plátano), perchas, canónigos, pan de molde y algo más, seguro que se me olvida algo.
Una cosa más antes de echar el cierre: hace hora y media veo en "Sé lo que hicistéis" (La Sexta) cómo sacan el vídeo de una tía (Sonia se llamaba) que llama al programa de Cristina Tárrega para decir que tiene cierta angustia porque cuando mea hace mucho ruido; y va y la otra y le recomienda que ponga varios kleenex como "colchón" para amortiguar el ruido. Joder, y mientras tanto los ingenieros devanándose los sesos para poner pantallas acústicas en las carreteras. En fin, que después de eso uno no sabe ya qué contar y si algo puede tener realmente importancia ante semejante problemática.

lunes, 19 de noviembre de 2007

Xabel Vegas. traiciones, mentiras y palabras



Todavía está por venir su primer disco, pero Xabel Vegas y Las Uvas de la Ira se presentan en sociedad con un mini-lp, “Canciones sobre traiciones y mentiras” (Mushroom Pillow), que augura grandes cosas y que ya merece unas líneas. Y como esta tarde he hablado con él y la versión oficial sólo tendrá 30 por aquello de que donde manda patrón no manda marinero, aquí va la conversación (casi) íntegra, como punto final a una semana en donde me he despachado con unas voleas definitivas, he visto el musical “Jesucristo Superstar” -que es una manera como otra cualquiera de tirar 50 euros- y he comprobado de nuevo que me quedo con esta parte de la Sierra frente a Valdemoro. Bueno, que no me lío y aquí va la interviú, en rigurosa exclusiva para Vestir de Rojo.

¿Cuándo empieza a gestarse este proyecto?
En realidad ya llevaba varios años, probablemente desde el penúltimo disco de Manta Ray, “Estratexa”. Llevaba tiempo planteándome eso, haciendo canciones y muy interesado por la música también como expresión de emociones y experiencias, y con las canciones como elemento central. Y hace dos años decidí materializarlo creando una banda, Las uvas de la Ira.

¿Pero sigues también en Manta Ray?
Sí, sí, ahora mismo estamos un poco en stand-by, como los amplis, pero es un proyecto que sigue vivo. Tenemos un ritmo un poco más lento, porque todos estamos también en otros proyectos y con la cabeza en otras cosas, pero sigue existiendo y yo me considero uno más.

¿Cómo resulta ahora esta aventura respecto a la experiencia en el grupo?
Bueno, Manta Ray cubre una parte muy importante de mi interés por la música, que es la de entenderla como una experiencia colectiva, y como un lenguaje en el que trabajamos con el sonido como materia prima de manera un poco abstracta. Pero también hay otra parte que me interesa mucho, que es la más narrativa, con textos más centrales y personales, como vehículo de transmisión de sentimientos y experiencias.

¿Estás ahora más cerca de la tradición norteamericana, de Bob Dylan a Leonard Cohen?
Sí, siempre me interesó. Supongo que mi bagaje musical es sobre todo norteamericano. Me interesa gente actual como puede ser Will Oldham, Vic Chesnutt o Howe Gelb, y también clásicos como Leonard Cohen o Bob Dylan. Y también parte del folk norteamericano, gente como Woody Guthrie o Pete Seeger, e incluso el soul y el blues, pero casi más como expresión y como idea, la manera que tenían de expresar los sentimientos. Sé que no soy un bluesman, y no voy a ser fiel a ese estilo. Pero sí, mi bagaje musical está más cerca de Norteamérica que de Inglaterra.

Después de este primer mini-lp, ¿en qué fase está el disco?
Ayer mismo vine del estudio, en Gárate, de acabar las mezclas. Este mini-lp pretendía ser una especie de tarjeta de presentación del proyecto, con canciones muy diferentes entre sí, pero a la vez un poco conceptual, con la idea de las traiciones y mentiras. Pero esto debe servir como tarjeta de presentación para el lp, que es el trabajo que yo considero más importante, y que saldrá a finales de enero o principios de febrero.

¿Y funciona como carta de presentación o quedan muchas cosas por descubrir?
Quedan cosas por descubrir, pero creo que es buena tarjeta de presentación aunque sean canciones muy diferentes, como “La cena”, que es muy acústica, o “Nuestra sociedad secreta”, que es más eléctrica. Pero quizá era la primera vez que la banda entraba en el estudio y en el lp hay un trabajo más consciente de búsqueda de lenguaje propio. Aquí ya existe, pero quizá de manera más tenue.

¿Ha sido un cambio complicado pasar de la batería en Manta Ray al primer plano?
No. En primer lugar porque en Manta Ray nunca nos hemos considerado instrumentistas. Y en mi caso nunca me interesó demasiado la técnica instrumentista, y nunca fui buen instrumentista, ni con la batería, ni con la guitarra, ni cantando, ni nada. Y en el caso de manta ray nos gusta más considerarnos como compositores. Cuatro compositores que nos juntamos y de manera circunstancial uno toca la batería, aunque luego también pueda coger la guitarra o el bajo. Lo que sí me resultó, no difícil pero sí una experiencia muy nueva para mi, fue no tanto ponerme delante del escenario, sino empezar a cantar textos en castellano que salen un poco de las vísceras y que tienen para mí una importancia personal muy fuerte.

¿Hay mucho de autobiográfico en estas “Canciones sobre traiciones y mentiras”?
Sí, casi todo. Incluso las canciones que están escritas en tercera persona o que hablan de cosas aparentemente ajenas, siempre parten de la experiencia y trato de reflejarme un poco en esas historias. En este proyecto soy incapaz de escribir textos que no partan de la experiencia, aunque eso no quiere decir que todo lo que aparezca sea real o necesariamente autobiográfico.

¿Incluso en “La cena”, donde hablando de traiciones tiras por lo alto y vas a la traición de Judas?
Sí, quizá más oculta, porque es una historia que habla de un personaje como judas. Pero igual sí que hay algo de autobiográfico porque cuando me planteé hacer un disco sobre traiciones y mentiras me interesaba la experiencia de los seres humanos como gente traicionada, pero también la visión de quien traiciona, incluso a veces por necesidad. Y de hecho Judas, lejos de parecerme un ser detestable, me parece un personaje histórico con el que fácilmente me puedo identificar y con el que todos podemos hacerlo en algún momento de nuestra vida.

Resulta curioso, porque ahora hace 10 años publicabais un disco de Manta Ray con Corcobado en el que aparecía el otro protagonista de la historia, Jesucristo, en “Getsemaní”…
Sí, la banda sonora de “Jesucristo Superstar” me parece buenísima. Y a mí, aunque soy ateo y además bastante militante en ese sentido, siempre me ha interesado mucho la iconografía cristiana y especialmente los evangelios como herramienta para utilizar en mis canciones. Me parece que son muy evocadores y tienen mucha fuerza.

A pesar del tono serio y grave, también hay un cierto sentido del humor…
Sí, me interesa mucho. Soy consciente de que no hago música alegre y de que mis textos no son muy vitalistas, pero dentro de ese gusto por atender a las partes más oscuras del ser humano me interesa buscar cierta clase de ironía, aunque a veces sea un poco agria. Por ejemplo, me interesa Leonard Cohen, que aunque todo el mundo piensa en sus textos como muy tristes, yo creo que también están cargados de ironía.


Hablábamos antes de cantautores, pero en tu música hay mucho de rock, al menos formalmente…
Sí, de hecho la palabra cantautor no me gusta mucho. Yo suelo utilizar, aunque suene un poco pedante por ser una palabra anglosajona, el término songwriter, porque me parece que cantautor tiene unas connotaciones en nuestro país que en mi caso por lo menos me parecen bastante despectivas. Lo que sí tenía claro desde el primer momento es que no me gusta presentarme como el típico cantautor que defiende sus canciones con una guitarra acústica y su propia voz, porque suelo decir que para hacerlo de esa manera hay que tener dos características de las que yo carezco. Hay que tener una buena dosis de valor y hay que gustarse mucho a sí mismo. Y yo ni lo uno ni lo otro: soy más bien cobarde y me gusto poco, así que desde el principio tenía claro que quería que fuese un proyecto de rock y que no se hablara tanto de mí como un cantautor, sino como un escritor de canciones de rock. Me interesa más Bob Dylan cuando coge una guitarra eléctrica que sus primeros discos, que eran más acústicos.

Supongo que eso pesa de alguna manera a la hora de componer…
Sí, lo que pasa es que las canciones las compongo sólo con una acústica, pero sí tengo presente la idea de introducir la electricidad y de tener una banda detrás apoyándome. Aunque tampoco descarto hacer canciones e incluso algún concierto en acústico, no reniego de ello.

¿Las referencias literarias, empezando por el nombre de la banda, son fundamentales?
Sí, sí que son importantes. En el caso de “Las Uvas de la Ira”, es una novela que me marcó mucho. En general toda la obra de Steinbeck. No sólo por la manera en que está escrita, sino porque cuenta una historia que desgraciadamente sigue siendo muy actual, la de la gente que tiene que dejar su tierra e irse a un lugar que le es hostil y le hace daño. Y después hay referencias literarias en algún caso de manera más explícita, porque ya te digo que en este proyecto la escritura de textos es un elemento central y tiene un papel casi protagonista. Y en eso me influye tanto la música que escucho como las cosas que leo.

¿Cuéntas con la alargada sombra de las comparaciones con tu hermano Nacho?
Bueno, es inevitable. Cuando empecé con este proyecto tenía claro que iba a haber comparaciones, y también tenía claro que no voy a luchar contra ellas ni a enfadarme, porque me parece una pérdida de tiempo. Es cierto que los dos estamos haciendo rock de autor y que tenemos referencias o una cultura musical parecida, pero a los dos nos interesan cosas distintas en la manera de escribir y contar historias, de relatar nuestras propias experiencias y también en la manera de ambientarlas con la banda. A Nacho le veo más como hermano que como músico, y de hecho creo que sólo tengo su primer disco realmente escuchado. No por nada, sino porque no se dio la circunstancia de escuchar un disco suyo entero, pero ahora mismo no está nada presente en mí a la hora de hacer canciones. Pero sé que es inevitable que exista la comparación, aunque eso me perjudique más que otra cosa, aunque soy consciente de que a veces incluso nuestro timbre de voz se parece, pero nos interesan cosas muy diferentes a la hora de escribir canciones.

¿Tienes ya título para el álbum?
No, y es algo en lo que llevo pensando varias semanas y que tengo que dar ya.




(Para el próximo post me prometo a mí mismo escapar de la música, hablar del musical y también de alguna traición, pero eso tendrá que esperar...).

jueves, 8 de noviembre de 2007

vuelve la canción protesta



No. No voy a hablar de Ismael Serrano ni de los habituales del Libertad 8. Sólo faltaba. Los líderes de la nueva canción protesta, los más frescos del pop a la izquierda y también los más rápidos, efectivos, eficaces y eficientes son Grande-Marlaska, el grupo antes llamado Garzón hasta que el juez de marras en un ataque de egolatría dijo que nanai y ellos encontraron un nuevo superjuez en Grande-Marlaska, que el verano de 2006 (cuando pasó todo esto) andaba revolucionando la Audiencia Nacional.
Ahora acaban de publicar disco, "El momento de hacer" (te lo puedes bajar enterito en http://www.superjuez.com), que de verdad merece la pena, porque tienen cosas que decir, porque las dicen y porque las dicen bien. Y porque son los que mejores estribillos y la-la-las tienen ahora mismo. Pueden gustar a niños y grandes y en su repertorio (no en este trabajo) tienen una frase que tiene mucha más ideología que todos los sesudos planteamientos de los cantautores autoproclamados revolucionarios:"¿Qué es lo que vigila tu libertad?".
Aquí empiezan con un medio tiempo, aunque con idéntica disposición: "Llegó el día, escoged la posición; llegó la hora: despertad, es el momento de hacer". No hay "ora et labora". Sólo de lo segundo, y adiós a la palabrería.
Víctor Lenore ha escrito siete razones para hacerles caso, de las que sólo rescataré dos para no alargarme demasiado:

"2) Es un grupo digno de sus influencias: Violent Femmes, Beat Happening, The Go-Betweens, Television Personalities, The Feelies, La Polla Records, The Wedding Present, Phil Ochs... Casi nada. ¿Cuántos artistas (de aquí o de fuera) pueden decir eso?
3) Han conseguido quitar telarañas al término "pop político". No escriben eslóganes ni arengas sobre causas con las que todos estamos de acuerdo. Siguiendo la tradición de The Smiths, Housemartins o McCarthy deshacen fronteras entre lo público y lo privado. No es que hagan un esfuerzo por incluir la política, simplemente cantan sobre conflictos que les afectan (que nos afectan a la mayoría)".

Y antes César Estabiel resumió sin complicaciones su manera de hacer pop: "Con ilusión, mucho nervio, sin dictados estéticos y poca tontería".

Ni más ni menos. Ahora estas 12 canciones permiten de nuevo creer en una música que no salvará el mundo, aunque seguro que sí más de una noche. Ellos son Roberto Herreros, Malela (también Le Mot y ex de Nosoträsh) y Pepo Márquez (al que en otro sitio rebauticé como Pepo Hernández; espero que lo corrigieran).
Pero como no sólo de jueces vive el hombre, y como la justicia es una cosa lenta y a menudo incomprensible (hoy leo que una juez ha quitado la custodia de sus hijos a un hombre porque éste es cojo), aquí va un pequeño catálogo de autores (Grande-Marlaska es un grupo, pero una cosa lleva a la otra) con los que quitar las telarañas a un género que ha sufrido y todavía sufre mucho por obra y desgracia de unos pocos.

- El Hijo (Abel Hernández; ex Migala): su primer disco largo es "Las otras vidas", donde demuestra que es mucho más que una gran voz, descubriendo matices inéditos y con un lenguaje que le pone a años luz de la mayoría.
- Aroah (Irene R. Tremblay): en cada uno de sus tres discos ha dado una vuelta de tuerca a la intimidad, con una desarmante facilidad para la melodía. En todo caso, me quedo con el primero, de título genial, "No podemos ser amigos".
- Refree (Raúl Fernández): lo último suyo es "Els invertebrats", como siempre distinto y sacando brillo a la canción mediterránea, aunque todavía me falta cogerle el punto. Por lo menos no tanto como a "La matrona", que tiene la canción de cumpleaños más triste que conozco.
- Nacho Vegas: hay a quien le ha dado últimamente por decir que acabará siendo el Sabina del indie, pero eso es porque no han escuchado bien "Desaparezca aquí". No digo más para no aburrir al personal.
- Christina Rosenvinge: acaba de publicar un mini-lp con Nacho Vegas, "Un verano fatal", y con "Continental 62" ya dejó bien claro que ha vuelto para quedarse. Hace tres semanas redescubrí toda la belleza de "Días grandes de Teresa", de su época con subterráneos.

Me dejo unos cuantos: Antonio Luque (Sr. Chinarro), Xabel Vegas, Jabier Muguruza, Joan Miquel Oliver, Ainara LeGardon, Jonston, Juana Molina (al otro lado del charco), Ana Laan, trocitos de Bunbury, Martín Buscaglia ("El Evangelio según mi jardinero" es divertidísimo), algo de Quique González, The Secret Society (Pepo Márquez), pero para completar la lista de songwriters de aquí reservo a otros dos:
- Lluis Llach: éste sí que sabe de canción protesta, pero sobre todo de canción. Y tiene un disco del que no me canso, "Viatge a Ítaca", que contiene toda la épica y la lucha y el deseo y también el sentimiento más mínimo ("Fins el mai").
- Jorge Drexler: en otras circunstancias no estaría entre mis favoritos, pero sí me gustan algunas canciones y tiene una cosa que no tienen los demás, y es que es el primer tío que se ha venido con un Óscar a mi pueblo, San Lorenzo de El Escorial, y eso ya está bien, así que ganado se lo tiene.

Hay otros, seguro, pero así ha quedado esto: demasiado serio, creo, aunque sin dogmas ni nada parecido (o eso intento). Y nada más: vuelvo al principio. Es el momento de hacer. Se finí.