jueves, 8 de noviembre de 2007

vuelve la canción protesta



No. No voy a hablar de Ismael Serrano ni de los habituales del Libertad 8. Sólo faltaba. Los líderes de la nueva canción protesta, los más frescos del pop a la izquierda y también los más rápidos, efectivos, eficaces y eficientes son Grande-Marlaska, el grupo antes llamado Garzón hasta que el juez de marras en un ataque de egolatría dijo que nanai y ellos encontraron un nuevo superjuez en Grande-Marlaska, que el verano de 2006 (cuando pasó todo esto) andaba revolucionando la Audiencia Nacional.
Ahora acaban de publicar disco, "El momento de hacer" (te lo puedes bajar enterito en http://www.superjuez.com), que de verdad merece la pena, porque tienen cosas que decir, porque las dicen y porque las dicen bien. Y porque son los que mejores estribillos y la-la-las tienen ahora mismo. Pueden gustar a niños y grandes y en su repertorio (no en este trabajo) tienen una frase que tiene mucha más ideología que todos los sesudos planteamientos de los cantautores autoproclamados revolucionarios:"¿Qué es lo que vigila tu libertad?".
Aquí empiezan con un medio tiempo, aunque con idéntica disposición: "Llegó el día, escoged la posición; llegó la hora: despertad, es el momento de hacer". No hay "ora et labora". Sólo de lo segundo, y adiós a la palabrería.
Víctor Lenore ha escrito siete razones para hacerles caso, de las que sólo rescataré dos para no alargarme demasiado:

"2) Es un grupo digno de sus influencias: Violent Femmes, Beat Happening, The Go-Betweens, Television Personalities, The Feelies, La Polla Records, The Wedding Present, Phil Ochs... Casi nada. ¿Cuántos artistas (de aquí o de fuera) pueden decir eso?
3) Han conseguido quitar telarañas al término "pop político". No escriben eslóganes ni arengas sobre causas con las que todos estamos de acuerdo. Siguiendo la tradición de The Smiths, Housemartins o McCarthy deshacen fronteras entre lo público y lo privado. No es que hagan un esfuerzo por incluir la política, simplemente cantan sobre conflictos que les afectan (que nos afectan a la mayoría)".

Y antes César Estabiel resumió sin complicaciones su manera de hacer pop: "Con ilusión, mucho nervio, sin dictados estéticos y poca tontería".

Ni más ni menos. Ahora estas 12 canciones permiten de nuevo creer en una música que no salvará el mundo, aunque seguro que sí más de una noche. Ellos son Roberto Herreros, Malela (también Le Mot y ex de Nosoträsh) y Pepo Márquez (al que en otro sitio rebauticé como Pepo Hernández; espero que lo corrigieran).
Pero como no sólo de jueces vive el hombre, y como la justicia es una cosa lenta y a menudo incomprensible (hoy leo que una juez ha quitado la custodia de sus hijos a un hombre porque éste es cojo), aquí va un pequeño catálogo de autores (Grande-Marlaska es un grupo, pero una cosa lleva a la otra) con los que quitar las telarañas a un género que ha sufrido y todavía sufre mucho por obra y desgracia de unos pocos.

- El Hijo (Abel Hernández; ex Migala): su primer disco largo es "Las otras vidas", donde demuestra que es mucho más que una gran voz, descubriendo matices inéditos y con un lenguaje que le pone a años luz de la mayoría.
- Aroah (Irene R. Tremblay): en cada uno de sus tres discos ha dado una vuelta de tuerca a la intimidad, con una desarmante facilidad para la melodía. En todo caso, me quedo con el primero, de título genial, "No podemos ser amigos".
- Refree (Raúl Fernández): lo último suyo es "Els invertebrats", como siempre distinto y sacando brillo a la canción mediterránea, aunque todavía me falta cogerle el punto. Por lo menos no tanto como a "La matrona", que tiene la canción de cumpleaños más triste que conozco.
- Nacho Vegas: hay a quien le ha dado últimamente por decir que acabará siendo el Sabina del indie, pero eso es porque no han escuchado bien "Desaparezca aquí". No digo más para no aburrir al personal.
- Christina Rosenvinge: acaba de publicar un mini-lp con Nacho Vegas, "Un verano fatal", y con "Continental 62" ya dejó bien claro que ha vuelto para quedarse. Hace tres semanas redescubrí toda la belleza de "Días grandes de Teresa", de su época con subterráneos.

Me dejo unos cuantos: Antonio Luque (Sr. Chinarro), Xabel Vegas, Jabier Muguruza, Joan Miquel Oliver, Ainara LeGardon, Jonston, Juana Molina (al otro lado del charco), Ana Laan, trocitos de Bunbury, Martín Buscaglia ("El Evangelio según mi jardinero" es divertidísimo), algo de Quique González, The Secret Society (Pepo Márquez), pero para completar la lista de songwriters de aquí reservo a otros dos:
- Lluis Llach: éste sí que sabe de canción protesta, pero sobre todo de canción. Y tiene un disco del que no me canso, "Viatge a Ítaca", que contiene toda la épica y la lucha y el deseo y también el sentimiento más mínimo ("Fins el mai").
- Jorge Drexler: en otras circunstancias no estaría entre mis favoritos, pero sí me gustan algunas canciones y tiene una cosa que no tienen los demás, y es que es el primer tío que se ha venido con un Óscar a mi pueblo, San Lorenzo de El Escorial, y eso ya está bien, así que ganado se lo tiene.

Hay otros, seguro, pero así ha quedado esto: demasiado serio, creo, aunque sin dogmas ni nada parecido (o eso intento). Y nada más: vuelvo al principio. Es el momento de hacer. Se finí.

domingo, 4 de noviembre de 2007

on the road (again)


La idea era haber esperado algún día más para publicar otra entrada, pero hace 50 minutos que he terminado “La carretera”, de Cormac McCarthy, y prefería no esperar para hacer algunos comentarios. El primero es que las 20 últimas páginas son terriblemente tristes y también esperanzadoramente desoladoras, o al revés. Sobre todo a partir de una pregunta y su respuesta:


“¿Qué es lo más valiente que has hecho?
Levantarme esta mañana”.


Pues sí. Es la estrategia del tedio en un mundo gris absolutamente arruinado, en el que un padre y su hijo luchan por sobrevivir, llevando el fuego y siguiendo el trazado de una carretera a ninguna parte. El final, decía, es triste, pero sobre todo porque deja una puerta abierta a la esperanza cuando parecía que por fin llegaba la muerte.
Siempre hay oportunidades para empezar de cero. O por debajo o por encima de cero, lo mismo da. Y a ese crío se le presenta una más, aunque sea en un mundo tan mínimo y amenazante como en el que se mueve.
Aquí, en esta otra parte de la vida real, también seguimos.
Escenas de matrimonio (M&E): M, tumbada en el sillón rojo, empieza “Brooklyn follies”; y yo, sentado en una butaca de Ikea que hace un ruido del demonio, termino “La carretera”, poniendo fin provisional a un puente en el que ha habido tiempo para varias cosas: un partidillo, visita al cementerio, bollitos de miel, teatro (“El maletín”, de Mark Ravenhill), cine (“El sueño de Cassandra”, más floja que las otras dos de la trilogía de Londres), victoria de Nadal sobre Bagdhatis, derrota de Nadal ante Nalbaldian, un disco de Trentemoller, Pauline en la Playa, Joan Miguel Oliver y sus “surfistas a cámara lenta”, unas fotos en flickr.com, unas bravas en la cantina y hasta un post en el blog.
Hoy, por enésima vez en las últimas semanas, iba a empezar el libro que me lleva esperando desde diciembre de 2006: “Hablamos. Besos”. Creo que tengo una idea y un par de buenos protagonistas, como siempre heredados de este lado de la vida real, pero no tengo claro si debo hacerlo, o si debo hacerlo con variaciones, o si mejor miro hacia otro lado. Lo que sí sé es que si al final lo hago la siguiente escena empezará así:


Hola.
Hola.


Tan simple como eso, y con la banda sonora de “Noam Chomsky”, de Astrud, como recurso musical para animar el messenger.
Hasta aquí esta entrada. Si fuera Nacho Vegas mandaría saludos desde el norte, pero como soy el que soy, y vale, dejamos el norte como un estado de ánimo y me limito a despedirme desde este rincón peregrino de la sierra, con vistas al monasterio y a la iglesia de san Bernabé, y a la espera de que mañana sea un día más en el que poder decir, también desde aquí, que lo más valiente que he hecho ha sido levantarme.

jueves, 1 de noviembre de 2007

santos que yo te pinté



Creo que tenía unas cuantas cosas que contar, pero como hoy es hoy, empezaré por aquí. Día de Todos los Santos. Visita al cementerio. Flores por aquí, oraciones por allá. Gran ganga, gran ganga, él es de Teherán. A ver si me centro. En realidad el Día de Todos los Difuntos es mañana, 2 de noviembre, pero mis abuelos es verdad que tenían algo de santos, así que vale.
En el colegio (de monjas, claro) nos decían que todos estábamos llamados a la santidad. Y yo, que últimamente no estoy muy católico, creo que es verdad. Que cada uno se tome la santidad como quiera, pero mejor eso que no otras cosas peores y que además hacen más daño. El martes, antes de hablar de amores express en otro ámbito, me marqué una parrafada sobre los mártires de San Lorenzo, que por cierto me quedó medianamente bien y que me recordó algo que escribí hace tres o cuatro años después de ver "Soldados de Salamina". Héroes y mártires, se llamaba aquello, y a eso me refiero con lo de la santidad; que andamos faltos de héroes y santos, y que algunos van de mártires. Bowie lo cantó antes, Los Planetas se marcaron luego "San Juan de la Cruz", pero en aquella película el olor a santidad era el del barro y la pólvora, la tierra mojada y la sangre. Y eso además con la banda sonora de "Suspiros de España" en la versión de Diego El Cigala. Algo así debe ser la santidad: un baile lento mientras el mundo se para y la muerte aguarda; un soldado abrazado a su fusil. O un pic-nic en medio del campo de batalla.
Hay a gente a quien los cementerios le dan yuyu; a mí no, como casi todo. Ni fu ni fa. Encuentro que es un lugar como otro cualquiera para las convenciones sociales, donde se llora más que un bar pero a lo mejor no más que en el cine viendo "Bailar en la oscuridad". Me acuerdo ahora de la canción de Mecano y del numerito en el musical "Hoy no me puedo levantar", también de los Smiths y otro poco de Los Enemigos y "La vida mata", pero en realidad escucho "Santos que yo te pinté", segunda canción del disco "Unidad de desplazamiento" de Los Planetas: "Yo no soy ningún ángel, yo no soy ningún santo, pero lo que me estás haciendo es que me está matando".
Y me acuerdo también de "Encuentros en la tercera fase", pero sólo porque hace un par de semanas, en el entierro del padre de una amiga, voy y me encuentro con esa persona que en el libro de familia y el DNI pone que es mi padre, que también es mala suerte, o buena. O, ya lo he dicho, ni fu ni fa. Hola. Hola. Qué tal. Bien. Y tú. Bien. Pues nada. Sí.
De las cosas que se quedan en el tintero lo más destacable es el pedazo de concierto de Wedding Present, que a lo mejor ya lo mencioné en otro post, no estoy demasiado seguro; y antes una surrealista entrevista con Devendra Banhart que lo mismo un día cuelgo íntegra. Hay más cosas, sí, y algunas más interesantes, pero uno tiene su intimidad (y también los demás),así que me las dejo para otro momento.
Y ahora empieza el puente, en el que no hay grandes planes, aunque acabo de convencer a M para bajar a Madrid a ver "Construyendo a Verónica". Nuestra última experiencia con el teatro, a cuento del "Método Gronholm", es más bien para olvidar, pero allá que vamos. Yo mañana quería ir a comer fuera, pero el Euríbor dice que mejor nos quedemos en casa, que ya hemos rebasado la cuota de gastos extra comprando un portátil (falta hacía, eso sí).
También quería ir al Prado a ver la ampliación (y los cuadros que se exponen), pero como es gratis hasta el domingo hay unas colas del carajo, así que me espero a que cobren. Si la entrada costase aunque fuera 20 céntimos, otro gallo cantaría, pero como es gratis, viva la cultura! (y lo digo yo que trabajo en un periódico gratuito y sé de qué va la vaina).
En definitiva, que ya es otoño de verdad, que hemos dado la calefacción aunque hoy hace bastante bueno, que el cambio de hora es una sandez como otra cualquiera y que empiezo a otear en el horizonte la Navidad, que me apetece tan poco como otros años y si cabe un poquito menos. Calculo que este año tendré unas 10 comidas / cenas, excluyendo las familiares, así que de verdad que acabo hasta la bola de solomillos, corderos y demás (este año pido pescado, aunque mejor si no es merluza). El primero de los eventos está programado para el 23 de noviembre, viernes, con la propuesta de cena-espectáculo en un árabe del centro de la capital del reino. No sé. Es que a mí lo de la danza del vientre no me acaba de poner. Ya ha surgido otra propuesta de un sitio en el que alguien conoce a alguien que conoce al dueño y lo mismo nos sale más barato, pero vamos que me da igual cinco euros más o menos; y yo lo mismo hago caso y voy y digo que si vamos al Bo Finn, que está por el barrio de Salamanca y dice alguien a quien le mola "Dogville", Palahniuk, Ingrid Bergman y Eric Bana (amén de otras cuantas referencias) que está bien.
Hasta aquí la charla. Me da la sensación de que se me olvidan cosas, pero no me apetece ponerme a pensar demasiado. Eso sí, otro día escribo sobre Le Mans y la canción de todas nuestras vidas, incluyendo la mía: "Mi novela autobiográfica". De eso y de la paternidad que viene o pueda venir.

domingo, 21 de octubre de 2007

diez cosas. ni más ni menos (y no me llamó josé luis)


La de cosas que tengo que contar. Primero, y por ceñirme a la actualidad: carambolas varias y una desastrosa salida han hecho que Hamilton pierda el mundial de F1. No ha ganado Alonso, pero qué contento que se le veía; por no hablar de Pedro Lobato, el comentarista de Telecinco, que se ha pasado la última media hora de la carrera diciendo que eso le pasaba a mclaren por una estrategia tan estúpida, que Ron Dennis era un soberbio y que habían hecho un ridículo espantoso. Y no le falta razón, pero lo ha repetido hasta la saciedad, y yo creo que tampoco era cuestión de hacer sangre.

Hasta aquí la parte deportiva, aunque voy a hacer un inciso y me tiro flores y digo que vaya derechas más buenas que pego y no digamos las dejadas; cuando consiga mejorar el revés no hay quien me pare. A todo esto, inciso 2: Federer ha perdido con Nalbaldian en el masters de Madrid. Me alegro básicamente porque es argentino y porque había un par de chicas que tenían una pancarta sencilla a la par que contundente: “Vamos David. Vos podés”. Y vaya que si pudo.

Segunda parte: desde aquí quiero dejar claro a todo el mundo que yo no me llamo josé luis. Tampoco josep lluis. Ni siquiera enric. En fin, que Carod Rovira se ha descolgado con la frase del mes a cuento del programa “tengo una pregunta para usted”, que a partir de ahora debería cambiarse nombre por el de “tengo una pregunta para josé luis”, y que conteste quien sea, que total da igual. Lo mismo le perdieron un poco las formas, pero es que lo de la gente (dos señoras y un chico) ya son ganas de provocar. O de joder, qué coño. La verdad, y me pongo serio, es que es absolutamente ridículo que a estas alturas estemos así. No me voy a poner a defender el nacionalismo, ni el independentismo, que por otra parte me parecen ideas legítimas, pero sí por lo menos un mínimo de tolerancia y de respeto. Y algo, aunque sea muy poco, de riqueza mental y apertura de miras, que por decir josep lluis en vez de josé luis no estamos rompiendo España.

Tercera parte: leo hoy en “El País” que el rey está molesto con esperanza aguirre porque le dijo que había que dar un trato más humano a jiménez losantos (al que el corrector del word deja como “lozanitos”, por cierto). Y ahí sí que estoy absolutamente de acuerdo, porque jamás se vio semejante animador de las ondas, que es escucharle por las mañanas (yo lo hago porque carlos herrera y sobre todo francino me aburren soberanamente) y entrarte una cosa entre la mala ostia y la risa floja que no sabe uno… Lo resumo con unas tonadas de Meteosat que ya tienen unos años: “La radio me gusta / la radio me alucina / la radio de España es divina” (en otra parte la rima terminaba en polla, pero soy muy fino y no digo esas cosas).

Cuarto: por fin algo de emoción. Hablemos de sexo, como pipi estrada.

Quinto: vaya mierda de nueva maqueta que se han marcado los de “El País”.

Sexto: la campaña del PSOE es una mierda pinchada en un palo, así de claro. Así no vamos a ninguna parte, aunque lo mismo es un síntoma. Z de calidaz, Z de claridaz, Z de igualdaz y sobre todo Z de gilipollez. De verdad: me parece un insulto a la inteligencia y desde aquí digo ya que la RAE, suponiendo que sirva para algo, se debería molestar en decir un par de cosas.

Séptimo: he vuelto a hacer listas de canciones. Me ha encantado. Y al final ha sido como leer a Saramago (“Todos los nombres”), del que tengo tres libros que no he leído ni tengo demasiada intención en estos momentos. Sigo con “la carretera”, de cormac mccarthy, y “hasta que te encuentre”, de john Irving, aunque por distintas circunstancias ando un poco atascado.

Octavo: entre esas circunstancias está la intensa actividad que ha tenido en las últimas dos semanas, con demasiado trabajo atrasado y unos cuantos conciertos. Por resumir (otro día lo mismo dejo las crónicas), me limito a puntuar: Mishima, un 5; Spiritualized, 7; Soulsavers, 8,5; Eef Barzelay, 6; The Wedding Present; 8,5; y Nacho Vegas & Christina Rosenvinge, 7. A M no le gustó demasiado este último, aunque dice que “verano faltal” le recuerda un poco a los electroduendes; yo no lo veía, pero como dos que duermen juntos se vuelven de la misma condición al final también se lo veo.

Octavo: the next big thing tiene que ser por fuerza Facto Delafé y Las Flores Azules. El viernes me compré su nuevo disco, “La luz de la mañana”, y no me gusta más que el pimero, pero su música sigue siendo tan optimista, distinta, vital y colorista que de ahí tiene que salir algo grande de verdad. Y también, aunque con menos posibilidades comerciales, Tarik y la Fábrica de Colores, con un “El hueso y la carne” que es puro músculo (además de tener unos estribillos estupendos y de que álvaro muñoz es un tío encantador).

Noveno: asuntos laborales. Últimamente estoy un poco desmotivado, no sé si es que todavía me dura el estrés posvacacional. Pero las mañanas (y tardes) son más entretenidas con REM en el msn. A lo mejor no era REM, lo mismo me lío; a lo mejor era al revés, o no lo mismo; o era como electra, con siete corazones (¿o eran nombres?). bueno, el caso es que las cosas salen y supongo que cuando lleguen tiempos de agobios y haya más actividad, remitirá la desmotivación.

Décimo ( y último): me voy a dormir, que mañana es lunes. Sweet dreams.

jueves, 11 de octubre de 2007

client. uniformes, caderas y electroclash



sala heineken, madrid. 10-10-07.


Demasiado pronto y demasiada poca gente para ver a las Charades, que cumplieron con creces y con la soltura habitual dejaron caer unos cuantos temas (también alguno de los nuevos: pop-punk con un plus de energía) para que quedase claro que pueden aspirar a un mejor horario. Segundos de la noche: Humbert Humbert. Sueltan las programaciones y a correr, en el mejor sentido. Paco Alcázar se reivindicó una vez más como frontman chillón, histriónico e infalible, haciendo que el mayor lastre del grupo (la excesiva linealidad) pase a segundo plano en directo, para mayor gloria de un punk bailable que con temas como “Soul weasel” o “Following you” sigue encontrando argumentos para vencer y convencer. Un respiro de cuarto de hora y aparecen las tres Client: uniformes (falda negra de tubo y polo verde caqui) e imágenes subidas de tono en las pantallas. Hasta aquí, nada nuevo. Tampoco luego: a la media hora habían agotado su repertorio de movimientos de cadera. Pues sí, pero funciona. Y mientras su propuesta perdía capacidad de sorpresa, paradójicamente iba ganando en aciertos puntuales. Primero fue “Heartland”, luego “Where’s the rock and roll”; también “Zerox machine” o -demostrando que tienen pasado- “In it for the money”, con una coreografía básica que triunfaría sin problemas en algún programa de televisión. Lo suyo es electroclash de manual, sin complicaciones, con una estructura a la que vuelven una y otra vez y que, después de todo, acaba ofreciendo motivos para enganchar. En conjunto no deja de ser más de mismo (Miss Kittin, Ladytron), aunque el directo les permita llegar más y mejor, con Sarah Blackwood mandando sobre el escenario y también con guiños a un synthpop ochentero y resultón al que saben sacar partido.


Posdatas...

a) con según qué imágenes uno tiende a despistarse, por lo que puede que todo lo señalado arriba no sea rigurosamente cierto.
b) sarah blackwood fue la cantante hace unos años de dubstar, grupo al que tampoco está mal echarle un repasillo.
c) las dos primeras client recibieron el impulso de andrew fletcher (depeche mode). se nota.
d) la tercera client (client e) salió de la versión británica de supermodelo. áquí con suerte acaban en el cuerpo de baile de chenoa.
e) tienen su puntillo de tensión sexual, pero también un nosequé de cartón-piedra.
f) su público (por lo menos ayer) es mayoritariamente femenino (por lo menos eran ellas las que más gritaban).
g) paco alcázar y miguel b. núñez (humbert humbert) también hacen cómics.
h) las charades son muy majas.

y ya.

viernes, 5 de octubre de 2007

un soplo en el corazón


No tengo demasiado claro cómo empezar. Lo primero porque no sé qué título va a tener este post, y eso es lo primero que decido. Primero la parte, luego el todo (o la siguiente parte, vaya). Había pensado en unos cuantos: “Second coming”, no sé muy bien por qué; “Kill all hippies”, pero sólo porque hoy me encuentro un poco neohippie; “En la carretera”, así en plan Kerouac; “La cosa está que arde”, con una foto del rey y todo, pero prefiero no hablar de política, que bastante lo hago a diario; “Alegrías del incendio”, por la canción de Los Planetas. Y sobre todo “Mar el poder del mar”, mi favorita de Facto Delafé y las Flores Azules. No me puedo quitar de encima la cancioncilla desde esta tarde.

Provisionalmente, y a falta de que este comentario evolucione hacia Dios (hoy con mayúscula) sabe dónde, lo voy a dejar en “Un soplo en el corazón”, que es el título del disco que más veces me ha hecho llorar y que hoy también, vete a saber por qué, lo ha conseguido de nuevo. Es esa extraña sensación, una melancolía inmensa, inagotable; lágrimas que resbalan sin venir a cuento mientras ves la tele o escribes o escuchas la radio. Hago un inciso: hoy se ha muerto Carlos Llamas, responsable de Hora 25 durante muchos años. Y otro: ayer el que se fue, aquí al lado, en Galapagar, fue Pablo Palazuelo, pintor de la abstracción más emocionante que he disfrutado. En su caso han sido cosas de la edad (90 años tenía).

Vuelvo. Melancolía, decía. Y algo más. “Todo va bien, mi vida va bien, que feliz que soy…”. Pues sí, pero entre tanto siempre hay un espacio para la tristeza desde un punto de vista casi alegre, una tristeza premeditada, una sensación de dejarse llevar, de que cualquier cosa, una vuelta de tuerca, una visita inesperada, un giro en la conversación, está a la vuelta de la esquina.

Quienes me conocen saben de mi tendencia al victimismo, y quienes no se habrán dado cuenta de mi facilidad para meter la mata. Creo que hay en todo algo de superficial. Voy a contar aquí, tampoco sé muy bien por qué, algo que nunca había exteriorizado (al menos no de manera evidente). Hace casi dos años, cuando murió mi abuela, la primera sensación fue de alivio. Creo que incluso respiré mejor por un momento; no lloré ese día y sin embargo lo hago ahora. Es algo que me pasa factura y que todavía no me he perdonado del todo, así que supongo que sigo en fase de expiación. Entonces para mí fue un paso más en el juego, pero hasta un mes y medio después no tomé conciencia de verdad de la situación, de sus consecuencias y de todo lo que ese día debería haber sentido y me dejé adentro por vestir una estúpida coraza que no lleva a ningún sitio.

Será por eso, o no, pero de un tiempo a esta parte tiendo a emocionarme más de lo habitual. España pierde con Rusia y se me hace un nudo en la garganta; a Tricky le sale un bulto y me descubro un cariño inédito; se muere (final de la segunda temporada, en el primer capítulo de la tercera resucita) Nathan Fisher y poco más o menos me parece que es el fin del mundo; me reencuentro con unos amigos (después de hacerme el remolón) y procedo a la exaltación de la amistad sin haber bebido; M se pone gafas y me parece tan tierna y tan guapa que primero la abrazo y luego pienso que qué bonito es todo y que ojalá el presente se viviera en continuo absoluto, sin sobresaltos; atze me cuenta su (nueva) vida y consigue que, bajo el tamiz superficial con que lo adorno, me parezca la mejor noticia posible; un giro en una conversación me deja un poco sin palabras, porque me he equivocado en la interpretación, por las conclusiones y sobre todo porque al otro lado estoy yo sin saber exactamente por qué. Pero el caso es que todo esto, de principio a fin, me resulta emocionante, consigue que sonría a veces y que suelte alguna lágrima luego. Supongo que está bien, pero tampoco estoy demasiado seguro. Una cosa sí sé (acotación para desdramatizar): no pienso parecerme a Fran Perea, así en plan blandito. Los chicos de La Granja lo resumían mejor que yo: azul eléctrica emoción.

Voy a llegar al final. Estamos a jueves noche (en la práctica ya viernes) y en menos de tres días otras tantas personas (que no tienen nada que ver entre sí, para más INRI) han dicho de mí que:

a) Soy pretencioso.
b) Intento ir de guay.
c) A veces me paso de listo.

Cuando distintas personas coinciden es que algo hay. O no. En el programa de TVE “Identity”, bastante decadente por otra parte, hay una especie de comité de expertos que, en base a las pintas de la gente, determina a qué se dedica. Bueno, pues resulta que no lo he visto demasiad, pero fallan más que una escopeta de feria. Lo malo es que en mi caso las pintas no son determinantes (o sí, que ahora llevo un pijama de Piolín y Silvestre que es para flipar), sino lo que digo, escribo o se me ocurre soltar sin pensar demasiado (a veces cuando pienso es todavía peor). Y teniendo en cuenta eso, pues a lo mejor resulta que es verdad y a), b) y c) son opciones correctas. Le daré alguna vuelta más, aunque creo que lo que me pasa (qué me pasa, doctor) es que tiendo a quitar hierro a todo –a lo que va y a lo que no va conmigo- y a dejarlo en la superficie. A afrontar todo de una manera demasiado superficial, en definitiva.

Y nada más, por ahora. Iba a terminar sin citas, pero ya que estoy voy y dejo la letra entera de “Viaje a los sueños polares”, de Family (Un soplo en el corazón, 1994):


"Cuando pesen demasiado la rutina / El trabajo y la vida en la ciudad / Nos iremos en un viaje infinito / Con esa tonta sensación de libertad / Hacia el fondo de ese mundo del que me has hablado tanto/ Paraíso de glaciares y de bosques polares / Donde miedos y temores se convierten en paisajes / De infinitos abedules, de hermosura incomparable / Dibujamos sobre un mapa imaginario / Autopistas de gran velocidad / Nos invade una ilusión desconocida / Y nuestra única intención es avanzar / Hacia el fondo de ese mundo del que me has hablado tanto / Paraíso de glaciares y de bosques polares / Donde miedos y temores se convierten en paisajes / De infinitos abedules, de hermosura incomparable / Donde siempre te querré".

lunes, 1 de octubre de 2007

Los golpes que da la vida


Termina septiembre con dos noticias, una buena y una mala. Primero la mala: Hamilton dice que preferiría que Alonso no estuviese en McLaren el próximo año. Seguro que Alonso prefiere lo mismo. Y esto después de que el hijo de Anthony haya ganado en Japón y el noviete de Raquel del Rosario abandonase. Peor es que yo me levantase a las 6.30 (al alba) a verlo, a la misma hora que no hace tanto era la de mi entrada habitual en casa; pero en fin, estas cosas pasan… Hablaba el otro día de hostias y sus tipos y va Alonso y se da una sin aditivos, sin contemplaciones, sin más ni más: contra el muro, rompe el coche y a correr. Luego dijo que había sido el aquaplanning, pero eso son menudencias que a nadie importan cuando el otro ya está a 12 puntos.

De todas formas se veía venir. Claro que ahora es fácil decirlo, pero es verdad. Algo tenía que pasar y pasó esto, y vete a saber si el charco estaba donde estaba por cosas del destino o del espionaje industrial. Alonso decía el sábado que prefería lluvia. Deseo concedido. Y luego va y se estrella… Conste que soy alonsista convencido, que me cae bien el chico, pero se ve que este año no estaba de dios, y así ha sido.

Ahora le veo en Ferrari, de rojo y gualda, poniendo banderas españolas (y asturianas) por Italia, haciendo patria y al final, cuando gane a Hamilton (2008-2009), reclamando Gibraltar como pago por la ofensa. Pero eso es otro cantar. Con las banderas entre tanto andan liados pedrojota y los suyos, y he aquí que encuentro hoy en “Público” un primer comentario que vale la pena: algo así como que andan en “El Mundo” de turismo rural, buscando ayuntamientos donde no ondee la banderita. Les ha quedado bien, sí, pero por lo demás los domingos, sólo con un cd de Pavarotti, no se comen ni un colín.

A todo esto decía que también había una noticia buena, y es verdad: los peces sobreviven tras el intento de masacre en el acuario. Bueno también es que Valverde no haya ganado el Mundial, porque para lo que iban a haber tardado en quitárselo. Y bueno es que haya terminado Nocilla Dream, que se lee a velocidad de vértigo, como haciendo zapping, dando saltos, juntando al Che con Fernando Alfaro y a un diseñador de tapas de alcantarilla con meretrices de serie b. Ciencia ficción y pop, narrativa y poesía postpoética (eso dice el autor, Agustín Fernández Mallo), La Matanza de Texas y Los Diarios de Petróleo, una gasolinera en Albacete y un árbol en medio del desierto de Nevada. Un divertimento con enjundia.

Más cosas del fin de semana: qué pereza da la amistad cuando se está en casa con un juego de la PS2 recién estrenado. La nostalgia es un arma, eso sí, así que tiramos de ella y revivimos noches en bares que ya han cerrado. Habría que reconstruirlos en 3D dice una canción. Lo mismo nos ponemos a ello.

Reflexiones (prestadas) sobre el espacio / tiempo:
“Cuando hablamos del pasado mentimos cada vez que respiramos” (William Maxwell en “Adiós, hasta mañana”).
“No estaría mal no tener que saber qué es lo que va a pasar” (Astrud).

Pero como mañana es lunes, no queda otra que saberlo.