Bueno. El titular es éste: "Un guardia civil mata a su ex pareja porque ésta le había denunciado". Y el comentario de mi tía (que dicho sea de paso no es santo de mi devoción) cuando escuchamos la noticia en medio de una comida familiar, este otro: "Ahora empezarán a decir que si es que los guardias civiles no tienen que tener el arma reglamentaria en casa". Y luego: "Vaya manera de arruinarse la vida". Supongo que, bien visto, la única vida arruinada es la de la mujer (y de paso la de su familia); en cuanto al tío (guardia civil o no), lo mínimo es que se pase unos cuantos años (más de los que le caerán) en la cárcel.
Me da reparo hablar de estas cosas, pero la ingenuidad hace que me siga pareciendo increíble que se pronuncien frases como esas, y más cuando una de sus hijas (de mi tía, quiero decir) es juez titular en un juzgado de violencia de género. Pero claro, aquí llega lo siguiente: "Bueno, es que anda que no les llegan denuncias que son falsas, que sólo denuncian para sacar dinero y quedarse con la casa; pero tienen que dar prioridad a todo eso, claro". Vale, pues venga. No digo yo que no haya casos, que los habrá, pero creo que si entre todos los que tratan se logra hacer algo para evitar una muerte más (van 71 este año), una paliza, un golpe o una amenaza, pues bien habrá estado empleado ese tiempo. Y, en todo caso, si hay denuncia falsa, la justicia tiene mecanismos para corregirlo, así que tampoco estaría mal que se empleara en eso en vez de hacer juicios de valor superficiales, ridículos y, como en este caso, fuera de sitio.
Pero para eso todavía debe quedar tiempo. Soy escéptico con las campañas de concienciación, con las concejalías de Igualdad, con los planes de igualdad, con las leyes de igualdad y con la igualdad misma si al final no es algo que empieza por cada uno y después de las palabras lo dejamos ahí y que sea otro el que se lo aplique, que al fin y al cabo yo no hago nada malo si levanto la voz, si te digo que no se te ocurra salir, si te empujo y te digo que me perdones luego y una semana después te vuelvo a empujar con renovadas fuerzas porque allí sigues, a mi lado.
Me parece algo tan grave y sobre todo tan personal, porque cada uno puede tener encerrada una historia más allá del juego de las apariencias, que frivolizar con eso (también con otras cosas, y no seré yo el que diga que no lo ha hecho) me parece, por lo menos, fuera de lugar.
Para terminar con esta parte sólo se me ocurre rescatar una frase de la canción "El enemigo en casa", de Nosoträsh: "Para escapar de él, me duermo... / pues hasta el momento / no sabe entrar en mis sueños". Ojalá que cada vez menos mujeres tengan que soñar despiertas.
Segunda parte, y sigo en clave social: hay que tener valor para decir que en educación no estamos tan mal como dicen los datos del informe Pisa. ¿De verdad alguien se lo cree? ¿No será mejor callarse que tener que defender lo que a mí me parece indefendible? ¿Por qué son tan malos nuestros políticos? Astrud, en una de sus canciones, decían: "Qué malos son nuestros poetas". Y por ahí caían Gimferrer, Góngora, Quevedo, Jorge Manrique, Lorca, Becquer, Santa Teresa de Jesús o San Juan de la Cruz, entre otros. Allá ellos quienes se lo tomen en serio. Lo malo es que a un porcentaje de estudiantes de Secundaria más alto de lo que pensamos lo más seguro es que la mayoría de esos nombres no les suene de nada o, si acaso, como decía un chico en la tele, tomen a Azorín (o a Quevedo, vete a saber) por presidente de la República. Lo que decía: los que son malos de verdad son nuestros políticos, incluidos los que llegan de rebote; en su caso, son malos por contagio. Le pasó a una profesora mía bastante regular de Teoría de la Comunicación, que apenas supo hacer que nos moviésemos una línea del libro de cabecera (un pestiño). El caso es que acabó como directora general de TVE y prometió cambios y una televisión pública verdaderamente de calidad: meses después llegó "Mira quien baila", luego se contrató (vale, lo hizo una productora externa) a Carmen Martínez Bordiú como bailaora, más tarde se acabó con un programa musical potable como "iPop" -en La2-, los informativos siguen cayendo, la Primera estrenó una serie con Arturo Fernández como protagonista, "Días de cine" continuaba su baile por la parrilla, los anuncios volvieron a "Versión española" y se empezaba a perfilar la serie de Concha Velasco inspirada en el mundo taurino (supongo que para compensar que en todo este año no se haya retransmitido ni una sola corrida). Hay más cosas, pero paso de hacer memoria, que me canso y no me pagan por pensar, que básicamente debe ser lo que les ocurra a los jefazos del Ente, que cada vez hace más honor a su nombre, convirtiéndose en un bodrio del que difícilmente se puede salvar algo. Bueno, el otro día programaron, supongo que por error, "Mystic river".
A todo esto: leo esta mañana en un magazine dominical que los críticos eligen como mejor película (de todos los tiempos) "Sin perdón", de Clint Eastwood, mientras los lectores en general se decantaban primero por "Lo que el viento se llevó" y luego por "Brokeback mountain", que a mí me parece una película totalmente sobrevalorada (poco más que un drama lacriomógeno de los de la sobremesa de Antena 3, aunque con el toque gay como elemento diferenciador). Aquí va mi top cinco, que puede ir alternando según días: "El Padrino I", "El Padrino II", "Blade Runner", "Bailar en la oscuridad", "Apocalyse now" y "Con la muerte en los talones".
Y una cita para despedirme: "La vida ya nos obliga a tomar en demasiadas ocasiones decisiones definitivas. Deberíamos tener la sensatez de evitar tomar las que no sean estrictamente necesarias siempre que nos sea posible". (Leslie Oastler a Jack Burns en "Hasta que te encuentre", de John Irving).
domingo, 16 de diciembre de 2007
miércoles, 12 de diciembre de 2007
fábula del crecepelo y la barriga

Estaba yo que no sabía muy bien de qué escribir y aparece mi compañero de Deportes con una noticia de esas de quitar el hipo: “Pecharromán da positivo en la Vuelta a los Puertos por usar crecepelo”. Todavía lo estoy flipando. Anonadado me hallo. Descolocado. Impresionado. Peor que mal. Suerte que tengo una buena mata de pelo (y suerte también que no monto en bici).
Pero he de confesar una cosa: yo también me dopé. Sí, lo hice. Fue “a long time ago”, cuando era cadete y hacía judo y era una joven promesa (porque lo fui, en serio) del deporte madrileño. Me dopé con Bisolvón (ese jarabe tan dulzón, tan rosa, tan pegajoso, casi adictivo), que entonces no era sustancia dopante pero dos años después se incluyó en el catálogo. Y yo ahí, exhibiendo músculos y poderío físico. Y peso, porque iba yo en menos 70 y por un 1,2 kilos me pasé en la báscula (la de nuestro gimnasio una semana antes me había marcado dos por debajo) y me mandaron a categoría open (es decir, sin límite de peso). El Bisolvón, era obvio, me sirvió de poco, aunque llegué a semifinales, perdí con un maromo de casi 100 kilos y finalmente quedé cuarto. Y allí se jodió mi carrera, suponiendo que la hubiera o hubiese; el tercero me hubiera dado vía libre a los juveniles de Ámsterdam (quién sabe, a lo mejor allí también me hubiese dopado), pero la cagué de medio a medio. Tenía una hora para bajar peso, pero sudé lo que no está en los escritos y me quedé tal cual, kilito y pico por encima. Fueron otros los que se llevaron la gloria. Yo una llorina de cuidado y el principio de una desmotivación que acabó luego.
El Bisolvón fue el principio del fin. Quién sabe si con crecepelo hubiera conseguido logros mayores y hoy estaría camino de Pekín 2008. Entonces nos lo imaginábamos. Ninguno de mis compañeros lo consiguió. Ni eso ni nada parecido. Me encontré con uno de ellos hace tres meses o así; había engordado y se parecía levemente a Jorge Javier Vázquez. El miedo en el cuerpo me metió al verle. Se había marchado de casa, que ya era hora, y resulta que está de alquiler a 300 metros de mi casa.
Hoy yo sería presa fácil en categoría open, incluso para un cadete; estoy fuera de forma, me fatigo con tres carreras y tengo barriguilla (o barriga, sin medias tintas) también un poco en plan j. j. vázquez. Y a veces cara de tomate, porque me pongo colorao con facilidad (esa foto en la siesta a las seis de la mañana; dios, qué imagen).
También tenía pensado hablar de “hurricane”, de bob dylan, pero lo dejo para otro momento.
No sé. Quizá necesite crecepelo, aunque sea para espabilarme.
Pero he de confesar una cosa: yo también me dopé. Sí, lo hice. Fue “a long time ago”, cuando era cadete y hacía judo y era una joven promesa (porque lo fui, en serio) del deporte madrileño. Me dopé con Bisolvón (ese jarabe tan dulzón, tan rosa, tan pegajoso, casi adictivo), que entonces no era sustancia dopante pero dos años después se incluyó en el catálogo. Y yo ahí, exhibiendo músculos y poderío físico. Y peso, porque iba yo en menos 70 y por un 1,2 kilos me pasé en la báscula (la de nuestro gimnasio una semana antes me había marcado dos por debajo) y me mandaron a categoría open (es decir, sin límite de peso). El Bisolvón, era obvio, me sirvió de poco, aunque llegué a semifinales, perdí con un maromo de casi 100 kilos y finalmente quedé cuarto. Y allí se jodió mi carrera, suponiendo que la hubiera o hubiese; el tercero me hubiera dado vía libre a los juveniles de Ámsterdam (quién sabe, a lo mejor allí también me hubiese dopado), pero la cagué de medio a medio. Tenía una hora para bajar peso, pero sudé lo que no está en los escritos y me quedé tal cual, kilito y pico por encima. Fueron otros los que se llevaron la gloria. Yo una llorina de cuidado y el principio de una desmotivación que acabó luego.
El Bisolvón fue el principio del fin. Quién sabe si con crecepelo hubiera conseguido logros mayores y hoy estaría camino de Pekín 2008. Entonces nos lo imaginábamos. Ninguno de mis compañeros lo consiguió. Ni eso ni nada parecido. Me encontré con uno de ellos hace tres meses o así; había engordado y se parecía levemente a Jorge Javier Vázquez. El miedo en el cuerpo me metió al verle. Se había marchado de casa, que ya era hora, y resulta que está de alquiler a 300 metros de mi casa.
Hoy yo sería presa fácil en categoría open, incluso para un cadete; estoy fuera de forma, me fatigo con tres carreras y tengo barriguilla (o barriga, sin medias tintas) también un poco en plan j. j. vázquez. Y a veces cara de tomate, porque me pongo colorao con facilidad (esa foto en la siesta a las seis de la mañana; dios, qué imagen).
También tenía pensado hablar de “hurricane”, de bob dylan, pero lo dejo para otro momento.
No sé. Quizá necesite crecepelo, aunque sea para espabilarme.
miércoles, 5 de diciembre de 2007
la lista de la compra

Cuando 2007 ya toca a su fin llega el recurrente momento de hacer listas y resúmenes de todo tipo, de utilidad tirando a nula; pero ya forma parte de la tradición, como las cestas de Navidad, la lotería (mi número termina en 8), Papá Noel, los Reyes Magos, las cenas, las comidas, las copas, los controles de alcoholemia, las campañas de la DGT, el cochinillo, el cordero, la lombarda, los langostinos, el turrón, los christmas (cada vez con más pereza, eso sí), los mensajes de móvil, los móviles saturados de mensajes, las llamadas a deshoras, las uvas, Ramón García, los de los matrimonios de Tele 5, José Luis Moreno, Ricky Martin y así podríamos seguir y no acabar. Stop. Punto y aparte.
Listas, decía. Yo, claro, he hecho las mías, pero no se trata de aburrir, así que abrevio y dejo para mejor momento el top 10. Desierto en el capítulo películas; dos libros: "La carretera", de Cormac McCarthy, y "Nocilla dream", de Agustín Fernández Mallo; dos discos de fuera, y además muy por encima del resto y convertidos desde ya en clásicos del siglo XXI: "Neon bible", de Arcade Fire; y "I’ll sleep when you’re dead", de El-P, en el que todavía sobrevuela el 11-S, Guantánamo, la violencia, Nueva York en estado de pánico permanente y una energía a veces casi sobrenatural (curioso: España no ha dado ni un disco mínimamente reseñable que se adentre en el 11-M; creo que tampoco ningún libro; sólo recuerdo una columna de Francisco Umbral). Lo firma un rapero blanco que le da mil vueltas a Eminem, descarga rimas con la misma facilidad que en la quinta con la octava a un tío le meten un tiro en la cabeza y le dejan en el sitio (o ya puestos, con la misma facilidad que dos tíos matan a un guardia civil y dejan a otro en coma cerebral disparándoles a bocajarro en la mañana de un sábado para certificar que no hay tregua y que de nuevo toca volver a empezar).
Sigo. Dos discos de aquí: "La leyenda del espacio", de Los Planetas, y "Animalitos", de Hidrogenesse, tan tierno como amenazante en la ingenuidad y la maldad de ponies, chimpancés, caballos y suricatos, entre otros. Vivimos en la jungla de asfalto, es verdad. Más: un concierto, el de Elvis Costello y Allen Toussaint en Villalba; y dos menciones especiales: a la nostalgia para Nacha Pop y a la modernidad inagotable para Pet Shop Boys (los dos en Hoyos del Espino, Ávila; qué frío que pasé, pero qué bien que lo pasé, y qué bocata de calamares y qué sueño en la vuelta a casa; y qué bonita la noche en Gredos).
Más listas: nada de cómic (aunque ahora estoy con cosas de hace años y no está mal); un paisaje: Lastours. Un día: el 8 de octubre. Personas: varias (he perdido a algunas, he ganado otras). Un mes: agosto. Una entrevista: La Mala. Una canción dedicada: esa de Sr. Chinarro de los langostinos. Una ciudad: El Escorial (he sido muy generoso; vamos a dejarlo en pueblo). Una copa: la última en Cuenca en las fiestas de San Mateo. Una conversación: media hora con M esta noche. Y un deseo, claro: que "The overly dramatic truth" sonase hasta el amanecer (qué ganas de comerme el mundo, de matar a alguien, de besar al primero -mejor primera- que se cruce conmigo), que "Perfect day" no sólo sea una canción de Lou Reed y que los días perfectos para gente perfecta sean más cada vez (y viceversa). Y que el cielo violeta que caía sobre Valmayor el domingo a las seis de la tarde se quedase ahí durante un par de semanas y que 2008 me convierta en protagonista mejorado de "Family guy". Juro además que si Tricky se pone a hablar me convierto a la cienciología (sólo para restregarle a Tom Cruise que soy más alto que él), el sintoísmo o la religión de Nuestro Señor Maradona. Y de paso nos recasamos en Las Vegas, aunque sólo sea para desgañitarme cantando lo de "you were always on my mind", aunque mejor si le ponemos el toque disco y la carta de ajuste de PSB.
Hay listas más importantes, por lo menos desde el punto de vista de la supervivencia pura y dura: los extractos en la cuenta corriente (vamos jodidos, pero vamos) y la lista de la compra. Naranjas de zumo, azúcar, donuts, café, hielo, cebolla frita de la que venden en Ikea, toallitas para el desteñido, peras, arroz con leche, carne picada, churrasco, el salmón (como Calamaro), yogures (griegos, de fresa y de plátano), perchas, canónigos, pan de molde y algo más, seguro que se me olvida algo.
Una cosa más antes de echar el cierre: hace hora y media veo en "Sé lo que hicistéis" (La Sexta) cómo sacan el vídeo de una tía (Sonia se llamaba) que llama al programa de Cristina Tárrega para decir que tiene cierta angustia porque cuando mea hace mucho ruido; y va y la otra y le recomienda que ponga varios kleenex como "colchón" para amortiguar el ruido. Joder, y mientras tanto los ingenieros devanándose los sesos para poner pantallas acústicas en las carreteras. En fin, que después de eso uno no sabe ya qué contar y si algo puede tener realmente importancia ante semejante problemática.
Listas, decía. Yo, claro, he hecho las mías, pero no se trata de aburrir, así que abrevio y dejo para mejor momento el top 10. Desierto en el capítulo películas; dos libros: "La carretera", de Cormac McCarthy, y "Nocilla dream", de Agustín Fernández Mallo; dos discos de fuera, y además muy por encima del resto y convertidos desde ya en clásicos del siglo XXI: "Neon bible", de Arcade Fire; y "I’ll sleep when you’re dead", de El-P, en el que todavía sobrevuela el 11-S, Guantánamo, la violencia, Nueva York en estado de pánico permanente y una energía a veces casi sobrenatural (curioso: España no ha dado ni un disco mínimamente reseñable que se adentre en el 11-M; creo que tampoco ningún libro; sólo recuerdo una columna de Francisco Umbral). Lo firma un rapero blanco que le da mil vueltas a Eminem, descarga rimas con la misma facilidad que en la quinta con la octava a un tío le meten un tiro en la cabeza y le dejan en el sitio (o ya puestos, con la misma facilidad que dos tíos matan a un guardia civil y dejan a otro en coma cerebral disparándoles a bocajarro en la mañana de un sábado para certificar que no hay tregua y que de nuevo toca volver a empezar).
Sigo. Dos discos de aquí: "La leyenda del espacio", de Los Planetas, y "Animalitos", de Hidrogenesse, tan tierno como amenazante en la ingenuidad y la maldad de ponies, chimpancés, caballos y suricatos, entre otros. Vivimos en la jungla de asfalto, es verdad. Más: un concierto, el de Elvis Costello y Allen Toussaint en Villalba; y dos menciones especiales: a la nostalgia para Nacha Pop y a la modernidad inagotable para Pet Shop Boys (los dos en Hoyos del Espino, Ávila; qué frío que pasé, pero qué bien que lo pasé, y qué bocata de calamares y qué sueño en la vuelta a casa; y qué bonita la noche en Gredos).
Más listas: nada de cómic (aunque ahora estoy con cosas de hace años y no está mal); un paisaje: Lastours. Un día: el 8 de octubre. Personas: varias (he perdido a algunas, he ganado otras). Un mes: agosto. Una entrevista: La Mala. Una canción dedicada: esa de Sr. Chinarro de los langostinos. Una ciudad: El Escorial (he sido muy generoso; vamos a dejarlo en pueblo). Una copa: la última en Cuenca en las fiestas de San Mateo. Una conversación: media hora con M esta noche. Y un deseo, claro: que "The overly dramatic truth" sonase hasta el amanecer (qué ganas de comerme el mundo, de matar a alguien, de besar al primero -mejor primera- que se cruce conmigo), que "Perfect day" no sólo sea una canción de Lou Reed y que los días perfectos para gente perfecta sean más cada vez (y viceversa). Y que el cielo violeta que caía sobre Valmayor el domingo a las seis de la tarde se quedase ahí durante un par de semanas y que 2008 me convierta en protagonista mejorado de "Family guy". Juro además que si Tricky se pone a hablar me convierto a la cienciología (sólo para restregarle a Tom Cruise que soy más alto que él), el sintoísmo o la religión de Nuestro Señor Maradona. Y de paso nos recasamos en Las Vegas, aunque sólo sea para desgañitarme cantando lo de "you were always on my mind", aunque mejor si le ponemos el toque disco y la carta de ajuste de PSB.
Hay listas más importantes, por lo menos desde el punto de vista de la supervivencia pura y dura: los extractos en la cuenta corriente (vamos jodidos, pero vamos) y la lista de la compra. Naranjas de zumo, azúcar, donuts, café, hielo, cebolla frita de la que venden en Ikea, toallitas para el desteñido, peras, arroz con leche, carne picada, churrasco, el salmón (como Calamaro), yogures (griegos, de fresa y de plátano), perchas, canónigos, pan de molde y algo más, seguro que se me olvida algo.
Una cosa más antes de echar el cierre: hace hora y media veo en "Sé lo que hicistéis" (La Sexta) cómo sacan el vídeo de una tía (Sonia se llamaba) que llama al programa de Cristina Tárrega para decir que tiene cierta angustia porque cuando mea hace mucho ruido; y va y la otra y le recomienda que ponga varios kleenex como "colchón" para amortiguar el ruido. Joder, y mientras tanto los ingenieros devanándose los sesos para poner pantallas acústicas en las carreteras. En fin, que después de eso uno no sabe ya qué contar y si algo puede tener realmente importancia ante semejante problemática.
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sábado, 1 de diciembre de 2007
sharapova y rodríguez. las dos marías

Como se me van acumulando las cosas y tenía pendientes unas palabras sobre Maria Sharapova, hoy mato dos pájaros de un tiro y traigo por aquí también a otra María, La Mala, que el jueves se marcó un concierto de lo más majo en La Riviera. En definitiva: las dos marías, las que más duro pegan en lo suyo y también, qué carajo, las que están de mejor ver. Porque lo están. A Sharapova se la conoce bien por su faceta como modelo, exhibiendo su melena rubia desde las alturas, con una mirada que tiene un punto melancólico que hace que uno la pueda querer para siempre, unos rasgos suaves, ojos verdes, unos brazos con un poderío que ya quisiera yo y unas piernas larguísimas que invitan a los tópicos y, por supuesto, a perderse.
La Mala es más menuda, con una corona tatuada en su hombro derecho, alejada de los clichés del hip hop, morena, menos racial de lo que parece, con acento pese que a lleva 10 años en Madrid, moderadamente tímida, moderadamente agresiva (o al menos cortante), elegante pero informal a su manera, con una sonrisa que bien vale una buena foto y una cantidad creciente de matices en la voz. Y además de eso tiene su morbo y más que su aquél, aunque cualquiera se atreve con Mahoma, un rapero cubano que intimida, y más cuando uno le escucha en "Miedo" cantar eso de "aquí hay un negrón que va enseñar follar a tu mujer". Sí, ya se sabe que estos chicos del hip hop no se suelen andar con medianías ni sutilezas. "Voy a lo que voy", cantaba ella hace años, y a fe que lo cumple, aunque ahora, cosas de la promoción, tenga que compartir escenario con Paulina Rubio, Pereza o Dover y parezcan tan lejos los tiempos en que gritaba eso de "¡¡ Comedme el coño!!" con que terminaba un tema con Alta Escuela y (creo) SFDK.
Pero para gritos los de la María rusa, convertida en una fiera desde el fondo de la pista. Cuando está en forma es la que pega más duro, especialmente unos derechazos a dos manos que parecen misiles que salen acompañados de un aullido que ni Allen Ginsberg en sus mejores tiempos. Su padre observa vigilante desde la grada, se desespera en los fallos, asiente en los puntos a favor y finalmente se resigna cuando pierde, como en la final del Masters de Madrid el pasado 11 de noviembre, en donde Sharapova cedió ante Justin Henin-Hardenne, infalible en la red y segura desde el fondo, aunque las paso putas en el primer set, en donde la protagonista de estas líneas la arrinconó a base de raquetazos y de buscar y encontrar angulos tan imposibles como las rimas matemáticas y demoledoras de la rapera nacida en Jerez y criada en Sevilla.
No sé: ¿hay semejanzas más allá del nombre? Pues depende lo que se quieran forzar las cosas. La rusa acaba de empezar la veintena, la andaluza se despide de ella el próximo año; la rusa agita el brazo con una raqueta, la andaluza con un micro; Sharapova cierra el puño, La Mala también; una levanta pasiones (y más que pasiones) y hace de modelo, con posados de infarto y mirada de cordero degollado; María Rodríguez mira de frente y se viste de mujer clásica para la portada de "Yo Dona" (El Mundo), con trapitos de marca y poses lejos de las habituales en su mundo; una nació en Siberia y creció tenísticamente en Estados Unidos; la otra llegó al mundo en Jerez, marchó a Sevilla, recorrió sus calles, dejó su sello y se vino pa’ Madrid (como los de Ketama, sí), donde creció como artista hasta convertirse en la más grande en lo suyo, con todas sus virtudes y también algún defecto; Sharapova, siberiana ella, fue efímera número uno, su carrera se truncó por una lesión y ahora anda en el seis, aunque 2008 tiene que ser su año, el que la convierta sin discusión en la estrella que ya es.
La Mala actuó el jueves 29 de noviembre en La Riviera, poniendo fin a la gira de "Malabarismo", con un inicio de vértigo, aunque luego perdió fuelle, como la rusa en la final del Masters frente a Henin. A uno la verdad es que le da igual: disfrutó de lo lindo con el arranque de cada una de ellas; ya hicieron bastante ahí para ganarse éstas y más líneas. Una mandando desde el escenario, ceñida en un vestido morado (luego se pondría más cómoda con uno verde y terminó combinando mallas y lentejuelas con zapatos rojos con un tacón de aúpa) y despachando rimas que no admiten contestación. Hay dos nombres que me parecen incontestables en el hip hop en español: Sólo los Solo y La Mala. El resto, incluidos los pesos pesados, tienen tics para dar y regalar, pero ellos trascienden los tópicos.
Sharapova manda en la pista, a pesar de Justine Henin o Ana Ivanovic; ella grita más, golpea seco y se gira sobre sí misma haciendo que se muevan unos pendientes imposibles para jugar al tenis. Su juego es saque y volea, pero desde el fondo consigue aburrir a sus rivales a base de bien. De granate o blanco, con horquillas negras, el pelo recogido en una coleta y las piernas deslizándose de lado a lado. Le falta ritmo, puede que sí, pero cuando lo acabe de coger a ver quién la para. Y eso arrebatándose sólo ligeramente, casi vulnerable en el tercer set, cuando la derrota estaba cantada pero aguantaba y todavía guardaba fuerzas para cerrar el puño y sacarse un golpe ganador. La Mala mientras tanto termina la gira, levanta las manos y se despide agradecida, como Rosendo, después de decir que sólo sabe hacer esto.
Lo canta en "Yo marco el minuto" y vale para las dos: "Me lo estoy currando, me lo estoy currando. Soy una mujer de recursos, chulo; tu suela, pasión, saliva, leche y trucos. Yo marco el minuto". Y luego: "Tengo lo que tú quieres". Es verdad: las dos lo tienen ("la gloria será pa quien la corresponde). Ay, cómo lo sabía yo.
La Mala es más menuda, con una corona tatuada en su hombro derecho, alejada de los clichés del hip hop, morena, menos racial de lo que parece, con acento pese que a lleva 10 años en Madrid, moderadamente tímida, moderadamente agresiva (o al menos cortante), elegante pero informal a su manera, con una sonrisa que bien vale una buena foto y una cantidad creciente de matices en la voz. Y además de eso tiene su morbo y más que su aquél, aunque cualquiera se atreve con Mahoma, un rapero cubano que intimida, y más cuando uno le escucha en "Miedo" cantar eso de "aquí hay un negrón que va enseñar follar a tu mujer". Sí, ya se sabe que estos chicos del hip hop no se suelen andar con medianías ni sutilezas. "Voy a lo que voy", cantaba ella hace años, y a fe que lo cumple, aunque ahora, cosas de la promoción, tenga que compartir escenario con Paulina Rubio, Pereza o Dover y parezcan tan lejos los tiempos en que gritaba eso de "¡¡ Comedme el coño!!" con que terminaba un tema con Alta Escuela y (creo) SFDK.
Pero para gritos los de la María rusa, convertida en una fiera desde el fondo de la pista. Cuando está en forma es la que pega más duro, especialmente unos derechazos a dos manos que parecen misiles que salen acompañados de un aullido que ni Allen Ginsberg en sus mejores tiempos. Su padre observa vigilante desde la grada, se desespera en los fallos, asiente en los puntos a favor y finalmente se resigna cuando pierde, como en la final del Masters de Madrid el pasado 11 de noviembre, en donde Sharapova cedió ante Justin Henin-Hardenne, infalible en la red y segura desde el fondo, aunque las paso putas en el primer set, en donde la protagonista de estas líneas la arrinconó a base de raquetazos y de buscar y encontrar angulos tan imposibles como las rimas matemáticas y demoledoras de la rapera nacida en Jerez y criada en Sevilla.
No sé: ¿hay semejanzas más allá del nombre? Pues depende lo que se quieran forzar las cosas. La rusa acaba de empezar la veintena, la andaluza se despide de ella el próximo año; la rusa agita el brazo con una raqueta, la andaluza con un micro; Sharapova cierra el puño, La Mala también; una levanta pasiones (y más que pasiones) y hace de modelo, con posados de infarto y mirada de cordero degollado; María Rodríguez mira de frente y se viste de mujer clásica para la portada de "Yo Dona" (El Mundo), con trapitos de marca y poses lejos de las habituales en su mundo; una nació en Siberia y creció tenísticamente en Estados Unidos; la otra llegó al mundo en Jerez, marchó a Sevilla, recorrió sus calles, dejó su sello y se vino pa’ Madrid (como los de Ketama, sí), donde creció como artista hasta convertirse en la más grande en lo suyo, con todas sus virtudes y también algún defecto; Sharapova, siberiana ella, fue efímera número uno, su carrera se truncó por una lesión y ahora anda en el seis, aunque 2008 tiene que ser su año, el que la convierta sin discusión en la estrella que ya es.
La Mala actuó el jueves 29 de noviembre en La Riviera, poniendo fin a la gira de "Malabarismo", con un inicio de vértigo, aunque luego perdió fuelle, como la rusa en la final del Masters frente a Henin. A uno la verdad es que le da igual: disfrutó de lo lindo con el arranque de cada una de ellas; ya hicieron bastante ahí para ganarse éstas y más líneas. Una mandando desde el escenario, ceñida en un vestido morado (luego se pondría más cómoda con uno verde y terminó combinando mallas y lentejuelas con zapatos rojos con un tacón de aúpa) y despachando rimas que no admiten contestación. Hay dos nombres que me parecen incontestables en el hip hop en español: Sólo los Solo y La Mala. El resto, incluidos los pesos pesados, tienen tics para dar y regalar, pero ellos trascienden los tópicos.
Sharapova manda en la pista, a pesar de Justine Henin o Ana Ivanovic; ella grita más, golpea seco y se gira sobre sí misma haciendo que se muevan unos pendientes imposibles para jugar al tenis. Su juego es saque y volea, pero desde el fondo consigue aburrir a sus rivales a base de bien. De granate o blanco, con horquillas negras, el pelo recogido en una coleta y las piernas deslizándose de lado a lado. Le falta ritmo, puede que sí, pero cuando lo acabe de coger a ver quién la para. Y eso arrebatándose sólo ligeramente, casi vulnerable en el tercer set, cuando la derrota estaba cantada pero aguantaba y todavía guardaba fuerzas para cerrar el puño y sacarse un golpe ganador. La Mala mientras tanto termina la gira, levanta las manos y se despide agradecida, como Rosendo, después de decir que sólo sabe hacer esto.
Lo canta en "Yo marco el minuto" y vale para las dos: "Me lo estoy currando, me lo estoy currando. Soy una mujer de recursos, chulo; tu suela, pasión, saliva, leche y trucos. Yo marco el minuto". Y luego: "Tengo lo que tú quieres". Es verdad: las dos lo tienen ("la gloria será pa quien la corresponde). Ay, cómo lo sabía yo.
martes, 20 de noviembre de 2007
el amor era esto (más o menos)

Me preguntaban esta mañana por la mejor novela de amor que había leído. Y no lo tengo demasiado claro. En ese momento dije que "Expiación", de Ian McEwan, y creo que ahora lo volvería a hacer. Por lo menos es la que en conjunto más me ha gustado en los últimos tres años, que es más o menos el límite que tengo para acordarme de las cosas sin tener que volver a ellas cada dos por tres. Por cierto que la película creo que se estrena pronto, con Keira Knightley como protagonista; abrió la última Mostra de Venecia y Carlos Boyero, en "El Mundo", antes de irse a "El País", dijo que merecía la pena.
Apenas unos minutos después de la pregunta entraba en otro blog y casualmente me encontraba con alguien que respondía a la misma cuestión. Se decantaba por "El amor en los tiempos del cólera", de García Márquez, un tipo que a mí nunca me ha llamado la atención, y tampoco especialmente ese libro. Bien: la chica con la que hablaba al otro lado se quedaba con "Las horas", de Michael Cunningan (la película me dejó un nudo en la garganta durante un buen rato).
Ahora añadiría a la lista al menos otros cuatro títulos: amor trágico y contenido en "El mar" (John Banville); amor anticapitalista y revolucionario en "El amor en los días de la furia" (Lawrence Ferlinguetti); amor en la Movida en "Castillos de cartón" (Almudena Grandes); y amor de corte posmoderno y desengañado en "El amor dura tres años" (Frederic Beigbeder).
Pensaba en todo esto cuando volvía a casa sobre las ocho y me encontré con un accidente en la M-600; un rato de atasco, lluvia y luces de las ambulancias y los coches de la Policía y la Guardia Civil. Me he acordado entonces de un libro que no es exactamente de amor pero en el que se ha habla mucho de amor: "Amor, etcétera", de Julian Barnes (especie de continuación de "Hablando del asunto"). Divertido, ágil, a veces pretencioso y siempre entretenido, como un vodevil que relata con mucho ritmo el triángulo amoroso de Oliver, Stuart y Gillian; y ella con zapatos rojos, que para eso está bien vestir de rojo. El mejor resumen está en esta frase: "No, la verdadera traición se da entre amigos, entre los seres queridos. La amistad y el amor sirven para que la gente se comporte mejor, ¿no? Pero ésa no ha sido mi experiencia. La confianza lleva a la traición".
Pues sí: la confianza lleva a menudo a cruzar la delgada línea roja (película un poco pesada; "Apocalyse now" ya se había adentrado en el infierno).
Voy al grano: casi todo lo que se puede decir del tema está aquí: "El primer amor es el único amor / El único amor es todo el amor posible / El único amor es el amor verdadero / El primer amor es irrepetible. Y puedas o no puedas, nunca te libras del primer amor. Del segundo sí. Del primero, nunca / (un inciso: "el estajanovismo sexual es para los que no tienen imaginación") / Necesitamos todo el amor posible porque escasea mucho, ¿no crees? / El verdadero amor es un amor sólido, cotidiano, fidedigno, un amor que nunca te falla. ¿Te suena aburrido? A mí no / ¿Quién dijo que el amor nos hace ser mejores? / ¿El amor lleva a la felicidad? Anda ya".
Por el camino me he dejado algunas frases que también figuran en este intercambio a tres desde el fondo de la pista, devolviendo una pelota tras otra hasta que al final se queda en la red.
Hay dos teorías básicas, según los protagonistas masculinos del libro: Oliver divide a las personas entre las que creen que el amor es todo y el resto es un simple etcétera; y las que no dan demasiada importancia al amor y sí al etcétera. Y casi a renglón seguido Stuart propone otra línea: "Algunos son lo bastante afortunados, o desventurados, de amar a varias personas, bien una detrás de otra, bien superpuestas; mientras que otros aman una sola vez en su vida".
Las teorías, más que distintas, son complementarias. Si tuviera que meterme en alguno de los grupos, diría, a día de hoy, que en el amor es necesario que haya una gran cantidad de etcétera. y que el único amor es todo el amor posible e incluso que se puede amar a dos (y más) personas a la vez y no estar loco.
El día 21 cumplo años (unos cuantos) de mi amor con M. Hoy no ha sido un buen día. Etcétera.
(La ilustración que abre el texto la he cogido prestada de Hablando del asunto).
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lunes, 19 de noviembre de 2007
Xabel Vegas. traiciones, mentiras y palabras

Todavía está por venir su primer disco, pero Xabel Vegas y Las Uvas de la Ira se presentan en sociedad con un mini-lp, “Canciones sobre traiciones y mentiras” (Mushroom Pillow), que augura grandes cosas y que ya merece unas líneas. Y como esta tarde he hablado con él y la versión oficial sólo tendrá 30 por aquello de que donde manda patrón no manda marinero, aquí va la conversación (casi) íntegra, como punto final a una semana en donde me he despachado con unas voleas definitivas, he visto el musical “Jesucristo Superstar” -que es una manera como otra cualquiera de tirar 50 euros- y he comprobado de nuevo que me quedo con esta parte de la Sierra frente a Valdemoro. Bueno, que no me lío y aquí va la interviú, en rigurosa exclusiva para Vestir de Rojo.
¿Cuándo empieza a gestarse este proyecto?
En realidad ya llevaba varios años, probablemente desde el penúltimo disco de Manta Ray, “Estratexa”. Llevaba tiempo planteándome eso, haciendo canciones y muy interesado por la música también como expresión de emociones y experiencias, y con las canciones como elemento central. Y hace dos años decidí materializarlo creando una banda, Las uvas de la Ira.
¿Pero sigues también en Manta Ray?
Sí, sí, ahora mismo estamos un poco en stand-by, como los amplis, pero es un proyecto que sigue vivo. Tenemos un ritmo un poco más lento, porque todos estamos también en otros proyectos y con la cabeza en otras cosas, pero sigue existiendo y yo me considero uno más.
¿Cómo resulta ahora esta aventura respecto a la experiencia en el grupo?
Bueno, Manta Ray cubre una parte muy importante de mi interés por la música, que es la de entenderla como una experiencia colectiva, y como un lenguaje en el que trabajamos con el sonido como materia prima de manera un poco abstracta. Pero también hay otra parte que me interesa mucho, que es la más narrativa, con textos más centrales y personales, como vehículo de transmisión de sentimientos y experiencias.
¿Estás ahora más cerca de la tradición norteamericana, de Bob Dylan a Leonard Cohen?
Sí, siempre me interesó. Supongo que mi bagaje musical es sobre todo norteamericano. Me interesa gente actual como puede ser Will Oldham, Vic Chesnutt o Howe Gelb, y también clásicos como Leonard Cohen o Bob Dylan. Y también parte del folk norteamericano, gente como Woody Guthrie o Pete Seeger, e incluso el soul y el blues, pero casi más como expresión y como idea, la manera que tenían de expresar los sentimientos. Sé que no soy un bluesman, y no voy a ser fiel a ese estilo. Pero sí, mi bagaje musical está más cerca de Norteamérica que de Inglaterra.
¿Cuándo empieza a gestarse este proyecto?
En realidad ya llevaba varios años, probablemente desde el penúltimo disco de Manta Ray, “Estratexa”. Llevaba tiempo planteándome eso, haciendo canciones y muy interesado por la música también como expresión de emociones y experiencias, y con las canciones como elemento central. Y hace dos años decidí materializarlo creando una banda, Las uvas de la Ira.
¿Pero sigues también en Manta Ray?
Sí, sí, ahora mismo estamos un poco en stand-by, como los amplis, pero es un proyecto que sigue vivo. Tenemos un ritmo un poco más lento, porque todos estamos también en otros proyectos y con la cabeza en otras cosas, pero sigue existiendo y yo me considero uno más.
¿Cómo resulta ahora esta aventura respecto a la experiencia en el grupo?
Bueno, Manta Ray cubre una parte muy importante de mi interés por la música, que es la de entenderla como una experiencia colectiva, y como un lenguaje en el que trabajamos con el sonido como materia prima de manera un poco abstracta. Pero también hay otra parte que me interesa mucho, que es la más narrativa, con textos más centrales y personales, como vehículo de transmisión de sentimientos y experiencias.
¿Estás ahora más cerca de la tradición norteamericana, de Bob Dylan a Leonard Cohen?
Sí, siempre me interesó. Supongo que mi bagaje musical es sobre todo norteamericano. Me interesa gente actual como puede ser Will Oldham, Vic Chesnutt o Howe Gelb, y también clásicos como Leonard Cohen o Bob Dylan. Y también parte del folk norteamericano, gente como Woody Guthrie o Pete Seeger, e incluso el soul y el blues, pero casi más como expresión y como idea, la manera que tenían de expresar los sentimientos. Sé que no soy un bluesman, y no voy a ser fiel a ese estilo. Pero sí, mi bagaje musical está más cerca de Norteamérica que de Inglaterra.
Después de este primer mini-lp, ¿en qué fase está el disco?
Ayer mismo vine del estudio, en Gárate, de acabar las mezclas. Este mini-lp pretendía ser una especie de tarjeta de presentación del proyecto, con canciones muy diferentes entre sí, pero a la vez un poco conceptual, con la idea de las traiciones y mentiras. Pero esto debe servir como tarjeta de presentación para el lp, que es el trabajo que yo considero más importante, y que saldrá a finales de enero o principios de febrero.
¿Y funciona como carta de presentación o quedan muchas cosas por descubrir?
Quedan cosas por descubrir, pero creo que es buena tarjeta de presentación aunque sean canciones muy diferentes, como “La cena”, que es muy acústica, o “Nuestra sociedad secreta”, que es más eléctrica. Pero quizá era la primera vez que la banda entraba en el estudio y en el lp hay un trabajo más consciente de búsqueda de lenguaje propio. Aquí ya existe, pero quizá de manera más tenue.
¿Ha sido un cambio complicado pasar de la batería en Manta Ray al primer plano?
No. En primer lugar porque en Manta Ray nunca nos hemos considerado instrumentistas. Y en mi caso nunca me interesó demasiado la técnica instrumentista, y nunca fui buen instrumentista, ni con la batería, ni con la guitarra, ni cantando, ni nada. Y en el caso de manta ray nos gusta más considerarnos como compositores. Cuatro compositores que nos juntamos y de manera circunstancial uno toca la batería, aunque luego también pueda coger la guitarra o el bajo. Lo que sí me resultó, no difícil pero sí una experiencia muy nueva para mi, fue no tanto ponerme delante del escenario, sino empezar a cantar textos en castellano que salen un poco de las vísceras y que tienen para mí una importancia personal muy fuerte.
¿Hay mucho de autobiográfico en estas “Canciones sobre traiciones y mentiras”?
Sí, casi todo. Incluso las canciones que están escritas en tercera persona o que hablan de cosas aparentemente ajenas, siempre parten de la experiencia y trato de reflejarme un poco en esas historias. En este proyecto soy incapaz de escribir textos que no partan de la experiencia, aunque eso no quiere decir que todo lo que aparezca sea real o necesariamente autobiográfico.
¿Incluso en “La cena”, donde hablando de traiciones tiras por lo alto y vas a la traición de Judas?
Sí, quizá más oculta, porque es una historia que habla de un personaje como judas. Pero igual sí que hay algo de autobiográfico porque cuando me planteé hacer un disco sobre traiciones y mentiras me interesaba la experiencia de los seres humanos como gente traicionada, pero también la visión de quien traiciona, incluso a veces por necesidad. Y de hecho Judas, lejos de parecerme un ser detestable, me parece un personaje histórico con el que fácilmente me puedo identificar y con el que todos podemos hacerlo en algún momento de nuestra vida.
Resulta curioso, porque ahora hace 10 años publicabais un disco de Manta Ray con Corcobado en el que aparecía el otro protagonista de la historia, Jesucristo, en “Getsemaní”…
Sí, la banda sonora de “Jesucristo Superstar” me parece buenísima. Y a mí, aunque soy ateo y además bastante militante en ese sentido, siempre me ha interesado mucho la iconografía cristiana y especialmente los evangelios como herramienta para utilizar en mis canciones. Me parece que son muy evocadores y tienen mucha fuerza.
A pesar del tono serio y grave, también hay un cierto sentido del humor…
Sí, me interesa mucho. Soy consciente de que no hago música alegre y de que mis textos no son muy vitalistas, pero dentro de ese gusto por atender a las partes más oscuras del ser humano me interesa buscar cierta clase de ironía, aunque a veces sea un poco agria. Por ejemplo, me interesa Leonard Cohen, que aunque todo el mundo piensa en sus textos como muy tristes, yo creo que también están cargados de ironía.
Hablábamos antes de cantautores, pero en tu música hay mucho de rock, al menos formalmente…
Sí, de hecho la palabra cantautor no me gusta mucho. Yo suelo utilizar, aunque suene un poco pedante por ser una palabra anglosajona, el término songwriter, porque me parece que cantautor tiene unas connotaciones en nuestro país que en mi caso por lo menos me parecen bastante despectivas. Lo que sí tenía claro desde el primer momento es que no me gusta presentarme como el típico cantautor que defiende sus canciones con una guitarra acústica y su propia voz, porque suelo decir que para hacerlo de esa manera hay que tener dos características de las que yo carezco. Hay que tener una buena dosis de valor y hay que gustarse mucho a sí mismo. Y yo ni lo uno ni lo otro: soy más bien cobarde y me gusto poco, así que desde el principio tenía claro que quería que fuese un proyecto de rock y que no se hablara tanto de mí como un cantautor, sino como un escritor de canciones de rock. Me interesa más Bob Dylan cuando coge una guitarra eléctrica que sus primeros discos, que eran más acústicos.
Supongo que eso pesa de alguna manera a la hora de componer…
Sí, lo que pasa es que las canciones las compongo sólo con una acústica, pero sí tengo presente la idea de introducir la electricidad y de tener una banda detrás apoyándome. Aunque tampoco descarto hacer canciones e incluso algún concierto en acústico, no reniego de ello.
¿Las referencias literarias, empezando por el nombre de la banda, son fundamentales?
Sí, sí que son importantes. En el caso de “Las Uvas de la Ira”, es una novela que me marcó mucho. En general toda la obra de Steinbeck. No sólo por la manera en que está escrita, sino porque cuenta una historia que desgraciadamente sigue siendo muy actual, la de la gente que tiene que dejar su tierra e irse a un lugar que le es hostil y le hace daño. Y después hay referencias literarias en algún caso de manera más explícita, porque ya te digo que en este proyecto la escritura de textos es un elemento central y tiene un papel casi protagonista. Y en eso me influye tanto la música que escucho como las cosas que leo.
¿Cuéntas con la alargada sombra de las comparaciones con tu hermano Nacho?
Bueno, es inevitable. Cuando empecé con este proyecto tenía claro que iba a haber comparaciones, y también tenía claro que no voy a luchar contra ellas ni a enfadarme, porque me parece una pérdida de tiempo. Es cierto que los dos estamos haciendo rock de autor y que tenemos referencias o una cultura musical parecida, pero a los dos nos interesan cosas distintas en la manera de escribir y contar historias, de relatar nuestras propias experiencias y también en la manera de ambientarlas con la banda. A Nacho le veo más como hermano que como músico, y de hecho creo que sólo tengo su primer disco realmente escuchado. No por nada, sino porque no se dio la circunstancia de escuchar un disco suyo entero, pero ahora mismo no está nada presente en mí a la hora de hacer canciones. Pero sé que es inevitable que exista la comparación, aunque eso me perjudique más que otra cosa, aunque soy consciente de que a veces incluso nuestro timbre de voz se parece, pero nos interesan cosas muy diferentes a la hora de escribir canciones.
¿Tienes ya título para el álbum?
No, y es algo en lo que llevo pensando varias semanas y que tengo que dar ya.
(Para el próximo post me prometo a mí mismo escapar de la música, hablar del musical y también de alguna traición, pero eso tendrá que esperar...).
lunes, 12 de noviembre de 2007
causas, hechos, consecuencias

Parece claro que tenemos una peligrosa tendencia a complicarnos la vida. Hoy lo digo por un amigo que hace unos días dejo a su chica. Me lo contó por teléfono, que es un medio como otro cualquiera para ponerse a hablar de estas cosas, aunque tiene sus riesgos. Uno de ellos es que vayas conduciendo y aparezca la Guardia Civil en medio del relato, con lo que las cosas se quedan a la espera de un café para profundizar en causas y consecuencias. Cuando estudiábamos historia, en BUP, COU y luego en la facultad, los profesores hacían hincapié en el asunto de las causas y las consecuencias, aunque yo creo que en definitiva lo que importan son los hechos. Las causas dependen de cada cual y las consecuencias a menudo son impredecibles, pero los hechos no tienen vuelta de hoja. Pues aquí lo mismo.
Hace mes y medio estábamos tan a gusto en su casa, en una cena apañadita, con unas copas y una noche que se alargó más de lo previsto, con el becario y uno mismo dando cuenta de una botella de Johnny Walker. Llevaban viviendo juntos desde agosto, con sus libros de filosofía, la guitarra, dostoievski, jodorowski, sartre, los girasoles ciegos y un patio acojonante de 70 metros cuadrados. Pero se acabó, y me jode. Vamos a llamarles F (chico) y A (chica). F es mi amigo, ex compañero de trabajo, el que lo contó el martes pasado un poco de repente, después de hacer chascarrillos sobre temas varios (entre otros el "olé, olé, olé, somos españoles" con que los ceutíes hacían patria). Le aprecio como a poca gente, pero hay una cosa que no acabo de entender: la facilidad que tiene para complicarse la vida. Lo hace con todo. Y lo pasa mal. Pero me temo que ya no tiene remedio. Las navidades pasadas también lo dejaron, aunque entonces fue un calentón en sentido inverso y se veía que no duraría mucho. Se lo dije entonces y se lo he dicho ahora: A te hace mejor. Es así. Hay gente que nos mejora y éste era uno de esos casos.
Esta tarde he hablado con A (o ella ha hablado conmigo, para ser más fieles a la realidad). Dice que F dijo hasta aquí porque no era feliz con ella, que desde luego es una razón de peso que no necesita causas ni consecuencias, aunque creo que esconde un mal endémico de este chico: su retorcida necesidad de estrujar la felicidad. Nacho Vegas escribe en una canción que la felicidad es un estado que existe sólo de manera contextualizada. Sólo somos felices respecto a algo. F ha estrechado tanto las cosas, ha dejado márgenes tan reducidos, que ha ahogado los límites y corre el riesgo de no ver más allá de una premeditada insatisfacción. Le ha pasado antes y le está pasando otra vez, con la diferencia de que en este caso A le hacía mejor.
Todo esto lo escribo pero no se lo digo, o lo hago de otra manera, porque no quiero caer en el riesgo de la psicología barata y porque también confío en que pese a todo sabe lo que hace. Pero espero que se lo piense, para que engañarnos.
A todo esto, en las historias ajenas siempre encuentra uno la posibilidad de medirse, de preguntarse qué es lo que haría y qué es lo que va a pasar, suponiendo que tenga que pasar algo. Esta vez también lo he hecho, y salgo bien parado: me siento feliz y procuro no complicarme la existencia. Pero también tengo la sensación de que tengo todo tan aparentemente controlado que en caso de que algo falle la hostia va a ser de campeonato. En todo caso, es simplemente un supuesto, pero aquí pasa como con la Policía Científica (y mejor CSI que la versión española made in Coronado): hay que trabajar con todas las hipótesis.
Hasta aquí la charla. Me da un poco de reparo hablar de otros, pero ya está hecho. Desde el jueves, día de la última entrada, han pasado varias cosas: torneo de wii frustrado, fin de semana seta, lentejas bien ricas, me quedo dormido en el sofá, M está tristona, compramos el regalo para el cumple del próximo viernes (a mí no me gusta, que quede claro), el rey manda callar a chávez, madrid se convierte en escenario de la ampliación del campo de batalla, empiezo a hacer las compras de reyes, voto por la tapa de las murallas, justine henin gana a maria sharapova (a la que voy a dedicar una santología en breve, voy avisando) y me encargan entrevista con xabel vegas, que acepto encantado y a quien podría recibir en batín si fuese su hermano, pero como no lo soy y él además está en gijón, pues hablaremos por teléfono y se acabó.
Hace mes y medio estábamos tan a gusto en su casa, en una cena apañadita, con unas copas y una noche que se alargó más de lo previsto, con el becario y uno mismo dando cuenta de una botella de Johnny Walker. Llevaban viviendo juntos desde agosto, con sus libros de filosofía, la guitarra, dostoievski, jodorowski, sartre, los girasoles ciegos y un patio acojonante de 70 metros cuadrados. Pero se acabó, y me jode. Vamos a llamarles F (chico) y A (chica). F es mi amigo, ex compañero de trabajo, el que lo contó el martes pasado un poco de repente, después de hacer chascarrillos sobre temas varios (entre otros el "olé, olé, olé, somos españoles" con que los ceutíes hacían patria). Le aprecio como a poca gente, pero hay una cosa que no acabo de entender: la facilidad que tiene para complicarse la vida. Lo hace con todo. Y lo pasa mal. Pero me temo que ya no tiene remedio. Las navidades pasadas también lo dejaron, aunque entonces fue un calentón en sentido inverso y se veía que no duraría mucho. Se lo dije entonces y se lo he dicho ahora: A te hace mejor. Es así. Hay gente que nos mejora y éste era uno de esos casos.
Esta tarde he hablado con A (o ella ha hablado conmigo, para ser más fieles a la realidad). Dice que F dijo hasta aquí porque no era feliz con ella, que desde luego es una razón de peso que no necesita causas ni consecuencias, aunque creo que esconde un mal endémico de este chico: su retorcida necesidad de estrujar la felicidad. Nacho Vegas escribe en una canción que la felicidad es un estado que existe sólo de manera contextualizada. Sólo somos felices respecto a algo. F ha estrechado tanto las cosas, ha dejado márgenes tan reducidos, que ha ahogado los límites y corre el riesgo de no ver más allá de una premeditada insatisfacción. Le ha pasado antes y le está pasando otra vez, con la diferencia de que en este caso A le hacía mejor.
Todo esto lo escribo pero no se lo digo, o lo hago de otra manera, porque no quiero caer en el riesgo de la psicología barata y porque también confío en que pese a todo sabe lo que hace. Pero espero que se lo piense, para que engañarnos.
A todo esto, en las historias ajenas siempre encuentra uno la posibilidad de medirse, de preguntarse qué es lo que haría y qué es lo que va a pasar, suponiendo que tenga que pasar algo. Esta vez también lo he hecho, y salgo bien parado: me siento feliz y procuro no complicarme la existencia. Pero también tengo la sensación de que tengo todo tan aparentemente controlado que en caso de que algo falle la hostia va a ser de campeonato. En todo caso, es simplemente un supuesto, pero aquí pasa como con la Policía Científica (y mejor CSI que la versión española made in Coronado): hay que trabajar con todas las hipótesis.
Hasta aquí la charla. Me da un poco de reparo hablar de otros, pero ya está hecho. Desde el jueves, día de la última entrada, han pasado varias cosas: torneo de wii frustrado, fin de semana seta, lentejas bien ricas, me quedo dormido en el sofá, M está tristona, compramos el regalo para el cumple del próximo viernes (a mí no me gusta, que quede claro), el rey manda callar a chávez, madrid se convierte en escenario de la ampliación del campo de batalla, empiezo a hacer las compras de reyes, voto por la tapa de las murallas, justine henin gana a maria sharapova (a la que voy a dedicar una santología en breve, voy avisando) y me encargan entrevista con xabel vegas, que acepto encantado y a quien podría recibir en batín si fuese su hermano, pero como no lo soy y él además está en gijón, pues hablaremos por teléfono y se acabó.
Hacía días que no terminaba con ninguna cita, pero hoy he estado escuchando a Triángulo de Amor Bizarro (TAB) y dicen con razón: "Lo malo del gobierno es que gobierna" (en "Isa Vs. El Partido Comunista"). Y también (en "¿Quiénes son los curanderos?"): "Portaos bien, hijos de puta; Jesús os mira desde las alturas". Pues eso, vamos a ser buenos, aunque sea por una vez.
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