lunes, 12 de noviembre de 2007

causas, hechos, consecuencias


Parece claro que tenemos una peligrosa tendencia a complicarnos la vida. Hoy lo digo por un amigo que hace unos días dejo a su chica. Me lo contó por teléfono, que es un medio como otro cualquiera para ponerse a hablar de estas cosas, aunque tiene sus riesgos. Uno de ellos es que vayas conduciendo y aparezca la Guardia Civil en medio del relato, con lo que las cosas se quedan a la espera de un café para profundizar en causas y consecuencias. Cuando estudiábamos historia, en BUP, COU y luego en la facultad, los profesores hacían hincapié en el asunto de las causas y las consecuencias, aunque yo creo que en definitiva lo que importan son los hechos. Las causas dependen de cada cual y las consecuencias a menudo son impredecibles, pero los hechos no tienen vuelta de hoja. Pues aquí lo mismo.
Hace mes y medio estábamos tan a gusto en su casa, en una cena apañadita, con unas copas y una noche que se alargó más de lo previsto, con el becario y uno mismo dando cuenta de una botella de Johnny Walker. Llevaban viviendo juntos desde agosto, con sus libros de filosofía, la guitarra, dostoievski, jodorowski, sartre, los girasoles ciegos y un patio acojonante de 70 metros cuadrados. Pero se acabó, y me jode. Vamos a llamarles F (chico) y A (chica). F es mi amigo, ex compañero de trabajo, el que lo contó el martes pasado un poco de repente, después de hacer chascarrillos sobre temas varios (entre otros el "olé, olé, olé, somos españoles" con que los ceutíes hacían patria). Le aprecio como a poca gente, pero hay una cosa que no acabo de entender: la facilidad que tiene para complicarse la vida. Lo hace con todo. Y lo pasa mal. Pero me temo que ya no tiene remedio. Las navidades pasadas también lo dejaron, aunque entonces fue un calentón en sentido inverso y se veía que no duraría mucho. Se lo dije entonces y se lo he dicho ahora: A te hace mejor. Es así. Hay gente que nos mejora y éste era uno de esos casos.
Esta tarde he hablado con A (o ella ha hablado conmigo, para ser más fieles a la realidad). Dice que F dijo hasta aquí porque no era feliz con ella, que desde luego es una razón de peso que no necesita causas ni consecuencias, aunque creo que esconde un mal endémico de este chico: su retorcida necesidad de estrujar la felicidad. Nacho Vegas escribe en una canción que la felicidad es un estado que existe sólo de manera contextualizada. Sólo somos felices respecto a algo. F ha estrechado tanto las cosas, ha dejado márgenes tan reducidos, que ha ahogado los límites y corre el riesgo de no ver más allá de una premeditada insatisfacción. Le ha pasado antes y le está pasando otra vez, con la diferencia de que en este caso A le hacía mejor.
Todo esto lo escribo pero no se lo digo, o lo hago de otra manera, porque no quiero caer en el riesgo de la psicología barata y porque también confío en que pese a todo sabe lo que hace. Pero espero que se lo piense, para que engañarnos.
A todo esto, en las historias ajenas siempre encuentra uno la posibilidad de medirse, de preguntarse qué es lo que haría y qué es lo que va a pasar, suponiendo que tenga que pasar algo. Esta vez también lo he hecho, y salgo bien parado: me siento feliz y procuro no complicarme la existencia. Pero también tengo la sensación de que tengo todo tan aparentemente controlado que en caso de que algo falle la hostia va a ser de campeonato. En todo caso, es simplemente un supuesto, pero aquí pasa como con la Policía Científica (y mejor CSI que la versión española made in Coronado): hay que trabajar con todas las hipótesis.
Hasta aquí la charla. Me da un poco de reparo hablar de otros, pero ya está hecho. Desde el jueves, día de la última entrada, han pasado varias cosas: torneo de wii frustrado, fin de semana seta, lentejas bien ricas, me quedo dormido en el sofá, M está tristona, compramos el regalo para el cumple del próximo viernes (a mí no me gusta, que quede claro), el rey manda callar a chávez, madrid se convierte en escenario de la ampliación del campo de batalla, empiezo a hacer las compras de reyes, voto por la tapa de las murallas, justine henin gana a maria sharapova (a la que voy a dedicar una santología en breve, voy avisando) y me encargan entrevista con xabel vegas, que acepto encantado y a quien podría recibir en batín si fuese su hermano, pero como no lo soy y él además está en gijón, pues hablaremos por teléfono y se acabó.


Hacía días que no terminaba con ninguna cita, pero hoy he estado escuchando a Triángulo de Amor Bizarro (TAB) y dicen con razón: "Lo malo del gobierno es que gobierna" (en "Isa Vs. El Partido Comunista"). Y también (en "¿Quiénes son los curanderos?"): "Portaos bien, hijos de puta; Jesús os mira desde las alturas". Pues eso, vamos a ser buenos, aunque sea por una vez.